EDITORIAL
diario El País

Ahora Sí

Finalmente, luego de una larga campaña electoral, el próximo domingo elegiremos al próximo presidente de la República.

Cada uno de nosotros, a solas con nuestra conciencia en el cuarto de votación, le estaremos poniendo, entre todos, rumbo al país por cinco años. En realidad, bien mirada la película de nuestra historia reciente, serán más de un lustro lo que está en juego, ya que se pone a consideración de la ciudadanía la continuidad del frenteamplismo (llegaría a los 20 años ininterrumpidos) contra un cambio plural conformado por cinco partidos políticos.

La sabiduría de las masas es un fenómeno que bien merece un análisis.

Los uruguayos, en su expresión colectiva a través del voto, decidieron cambiar al elenco gobernante en nuestro país en la elección de 2004, y le dieron la posibilidad al Frente Amplio de realizar su acción de gobierno en tres oportunidades con todas las condiciones para hacerlo. Conformó una clara mayoría que le dio el predominio absoluto en el Parlamento y amplio respaldo social y político entre la población.

Esa ilusión y confianza ciudadana, sin embargo, terminó en frustración, ante la forma y el fondo de las administraciones frentistas. En cuanto a lo primero, el exclusivismo con que se manejó en todos los asuntos, la soberbia y el desdén por las razones ajenas fueron cimentando un aislamiento respeto de las preocupaciones de la sociedad uruguaya que terminaría siendo su perdición.

El desprecio por las formas republicanas, el respeto a las leyes, por el manejo de los dineros públicos y por el prestigio internacional del país también fueron horadando al partido de gobierno. En definitiva, su forma de hacer las cosas fue cada vez menos uruguaya, más patotera y más altanera.

Pero quizá más importante que el envase fue el contenido de la acción de gobierno frentista.

Durante la primera década, cuando el continente creció fuerte, nuestro país también lo hizo; en los últimos 5 años cuando crecieron los que hicieron las cosas bien y los demás se estancaron, quedamos más cerca del segundo grupo. Más allá de los avatares de la economía en los temas de fondo que hacen a la calidad de vida de los uruguayos, el Frente Amplio fracasó sin atenuantes.

El deterioro de la educación, entregada a los sindicatos, la debacle de la seguridad por ceguera ideológica, la falta de acción en cuanto a la reforma del Estado por ceder ante los gremios de empleados públicos, la falta de acuerdos internacionales por negarse a ver el mundo como es y no como quisieran que fuera, entre muchos, muchísimos otros temas, demuestran la incapacidad congénita del Frente Amplio para mejorar los problemas del país.

Ante este estrepitoso fracaso frentista la oposición se fue preparando. Por un lado, emergió un líder político inteligente que con infinita paciencia fue zurciendo el acuerdo entre todos los partidos, lo que le permitió en esta segunda vuelta convocar a los demás con la naturalidad del camino transitado. Luis Lacalle Pou ha demostrado que es capaz de soportar tensiones, mantener el rumbo y priorizar lo importante a la hora no solo de ganar una elección sino de construir un gobierno capaz de llevar adelante una acción transformadora.

También debe destacarse la grandeza del Partido Colorado, Cabildo Abierto, el Partido de la Gente y el Partido Independiente para estar a la altura de las circunstancias y conformar la coalición por el cambio que ya tiene mayoría parlamentaria, una hoja de ruta y la decisión política de conducir las transformaciones que el Uruguay necesita.

La cuestión no es solo sacar al Frente Amplio, que bien lo merece, es sustituirlo por quienes pueden hacerlo mejor. Quizá hasta sea lo mejor para el propio partido de gobierno volver al llano para reencontrarse con su identidad idealista, sobre la que se construyó dejando atrás esta triste etapa de frustración, corrupción y soberbia.

El propio mapa político del país apuntala el cambio. No solo por la votación de los partidos, sino a su interior: el avasallamiento de los sectores radicales del Frente Amplio lleva a que el MPP, el Partido Comunista y un Partido Socialista kirchnerizado muestren a un oficialismo cada vez más lejos del centro político y más lejos de la realidad.

No falta nada. Mañana a las 12 de la noche comenzará la veda y en cuatro días votamos para elegir a nuestro nuevo presidente. Luis Lacalle Pou ha hecho una campaña a corazón abierto, rodeado de multitudes en todo el país y llega con la mochila llena de ilusión y vacía de rencores. Es tiempo de comenzar un tiempo nuevo. Ahora sí.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados