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La violencia de género


@|La violencia de género en Uruguay se da mayoritariamente del sexo masculino al femenino (salvo raras excepciones), a cualquier edad, estrato social y en toda la República. 

El índice de mortalidad que afecta a nuestras compatriotas por este motivo, aumenta peligrosamente a pesar de la legislación aprobada y dirigida a su protección, pese a denuncias, tobilleras electrónicas y custodias policiales, todos elementos que en numerosos casos han fracasado en la intención de mantener con vida a las víctimas del maltrato doméstico o de separaciones no consensuadas. 

Es evidente que las soluciones planteadas no resuelven la amenaza y el temor por sus vidas que sienten estas uruguayas, no habiendo hasta el momento nada ni nadie que pueda garantizar mantenerlas con vida o a salvo de las represalias y la insanía de sus presentes o ex parejas.
La violencia de género en nuestro país es un problema de gran envergadura que precisa medidas severas, restrictivas y rápidas, para frenar tantas muertes inocentes, debiendo ir acompañadas de las medidas educativas que correspondan para enseñar a las nuevas generaciones a convivir en un clima de respeto e igualdad. Desde la infancia, se les debe inculcar a los niños la importancia del respeto hacia los demás seres humanos, no importando su sexo, religión, color ni clase social.
Pero es trascendente - para comprender la problemática en su totalidad - ir a los posibles orígenes de estas actitudes irracionales que afectan el discernimiento de estos femicidas, llevándolos a tomar la vida de sus parejas como si fueran de su propiedad, provocando además un efecto social contagioso que aumenta su peligrosidad.  

La realidad es que a pesar de todo lo andado y de que en el discurso se habla de igualdad, en la práctica ocurre que la discriminación aún existe, por ser un concepto primitivo de superioridad masculina que viene de generaciones y que aún no hemos podido erradicar en forma definitiva. Hay infinidad de testimonios que así lo confirman, en ámbitos afectivos, laborales y a todo nivel de relacionamiento. Y si adicionamos a este concepto el vandalismo y la inseguridad pública que han invadido nuestro medio, es fácil concluir entonces que la causa de estos actos de violencia bien pueden ser consecuencia de ambas situaciones. 

Es inaceptable, inconcebible e imperdonable, que aún no se hayan tomado las medidas efectivas para evitar que estas mujeres uruguayas sean víctimas de abuso, maltrato y que pierdan su vida en manos de estos individuos que ante la más mínima manifestación de amenaza, deberían ser privados de su libertad.

Por mi profundo respeto por los derechos humanos de todas las personas, mi convicción de la igualdad de talentos y capacidades y la extraordinaria complementación para lo que fuimos creados hombre y mujer, considero que no deben escatimarse esfuerzos para terminar con el tormento que sufren estas mujeres uruguayas por ellas y sus hijos, como también en memoria de tantas compatriotas nuestras que debieron ser protegidas y no pudieron salvarse a tiempo.

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