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Los viejos


@|Todas las fórmulas de los medicamentos de uso específico poseen un principio activo que las caracteriza. Tal regla es aplicable también a muchas situaciones o eventos propios de la vida cotidiana. Verbigracia, el ejercicio de la publicidad. En ella, el principio que se destaca entre otros es la insistencia o reiteración sobre las cualidades de lo ofrecido o informado.
Es así que, -quizás ingenuamente- pretendo repetir mi pedido de consideración, respeto y derechos para las personas de la tercera edad.

Mi recurrente solicitud en este caso se debe a que, periódicamente, quienes deberían promover una normalización en el trato a los viejos pretenden hacernos creer que está todo bien. La realidad despiadada está muy lejos de ser siquiera algo parecido a las mentiras que nos quieren vender. Estas falsedades forman parte del panorama general. Son una proyección de las que ostenta la Economía y su falta de “trasparencia”. Vivimos en un país donde todo tiene nombre pero nada existe. Nos encanta ponerle siglas a todo. Deberíamos tener un diccionario de siglas para leer algunas crónicas. Y usamos algunas denominaciones que son imperdibles para un ojo crítico, debido a que ostentan sólo el nombre, porque… no tienen ningún contenido.

Por ejemplo, existen un “Día del abuelo” y un “Día de las personas mayores” según se esmera en resaltarlos el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social cada vez que llegamos a las fechas respectivas. ¡Tenemos 2 días de los ancianos! No importa que ellos estén segregados físicamente y discriminados en sus derechos. Pero tenemos además un Sistema de Cuidados. Con la no menor salvedad de que el principal efecto que produce es resaltarle a los viejos su proximidad a la muerte. ¿Y qué decir de los impuestos a las jubilaciones? ¿Y la discriminación por parte de las mutualistas? ¿Y la prohibición de pedir préstamos en los bancos? ¿Y el prejuicio sobre la edad, y que las cosas hoy son diferentes, y que no vale nuestra opinión como si no poseyéramos experiencia y no estuviéramos sobrellevando las mismas vivencias y sensaciones al igual que el resto de la gente? 

Es necesario tratar a los viejos como personas comunes y hacerlos sentirse como tales. La mayoría de los ancianos tiene mucho para ofrecer todavía. El único límite debería ser la incapacidad mental y no el final próximo.
La normalización requerida representaría un costo menos que relativo. Sería prácticamente nominal, habida cuenta de los dispendiosos quebrantos que todos hemos visto en la Administración Pública y los bolsillos ciudadanos. No se piden dádivas ni subsidios sino un resarcimiento justo a los pasivos y derechos normales para la tercera edad. Pero el Frente Amplio está dedicado a full a formalizar una imagen que nunca tuvo, a la sazón con la perspectiva electoral.

Por ejemplo sostener la falacia de que los miles de empleos perdidos forman parte de los 300.000 creados anteriormente. Estos, todos sabemos que se crearon al influjo de las vacas gordas y la bonanza de los mercados internacionales y no por el Frente Amplio. Esa circunstancia desperdiciada es además un baldón para el país por haber derrochado la oportunidad coyuntural al aumentar los gastos del Estado. Pero eso sí: ¡Tenemos el mejor Ministro de Economía de Latinoamérica! Por supuesto. Los que lo evaluaron laudatoriamente son parte del sistema que determina la economía del Uruguay desde el exterior. Los popes ensalzan al monaguillo.- Habría que decirles como Martín Fierro: “Pa’ su mama no hay hijo feo”.

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