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De viejos y jóvenes


@| Surge la posibilidad de efectuar muchos análisis y razonamientos a la luz del resultado electoral del domingo 27. Un arduo trabajo para encuestadores y periodistas políticos estudiando las estadísticas de votos por zonas, por barrios, por ciudades o departamentos. Sin embargo, no he encontrado referencia a un aspecto que, a mi modesto entender, me parece importante.

Viendo la nómina de 13 senadores que obtuvo el Frente Amplio, se me ha ocurrido que se debería instalar, dentro del propio Palacio Legislativo, algo así como un asilo de ancianos. A fuerza de no parecer políticamente “flechado”, cabe agregar a esta nómina a un senador del partido colorado, que, en orden etario de mayor a menor, ocupará el segundo lugar, por detrás del inefable Pepe.

Curiosamente, ambos ostentan antecedentes de haber sido presidentes de la República, uno en dos oportunidades, y el otro en una, que nunca debió haber sido.

Si hacemos un promedio – sumar los años de cada uno y dividirlos por la cantidad total – tendremos en el FA una media de 64 años, en el PC 59,25, y, vean que interesante, en el PN la media es de 55,20. El mayor de todos los senadores nacionalistas tiene 65 años, hay uno con 63, dos con 61, y los otros 9 no llegan a los 60. Tienen inclusive un senador con 38 años de edad, que es el menor de toda la cámara alta.

La conclusión es muy clara: el aporte de sangre joven y nueva en nuestra legislatura se está haciendo por vía del Partido Nacional que, además, también incorporará juventud, no solo en el sillón presidencial, sino en todos, o por lo menos en la mayoría, de los sillones del Consejo de Ministros.
El Art. 250 de nuestra Constitución, establece, en referencia a los miembros del Poder Judicial, que cesarán en sus cargos al cumplir los setenta años de edad. Muy sabiamente, el constitucionalista fija un límite edad para el ejercicio de la judicatura, fundamentado en que, llegados los setenta años, el hombre enlentece su velocidad de reacción y su capacidad de raciocinio, y puedo asegurar que es así, ya que lo experimento diariamente en mí mismo!!. Al envejecer, los seres humanos ya no son tan aptos como los jóvenes para juzgar y resolver sin equivocarse, o casi sin equivocarse, admitiendo que el error es una de esas cosas que siempre podrá estar presente.

Ahora, yo pregunto: ¿si llegados los setenta se considera que comienza la etapa de declive como para juzgar, no deberíamos considerar que mucho más grande será la etapa de declive en la capacidad de administrar y dirigir nada menos que un país?

En un juicio, están en juego los bienes o el futuro de una o unas cuantas personas. Es una gran responsabilidad.

En la acción de gobierno, ya sea legislativo o ejecutivo, están en juego los bienes o el futuro de los tres y medio millones de habitantes de la República. Creo que es una responsabilidad mayor aún.

Si estableciéramos una paridad con lo establecido para los miembros del Poder Judicial, tendríamos que hay cinco senadores del FA que no podrían estar en el cargo (edades 71, 75, 76, 79 y 84 respectivamente), y uno del Partido Colorado (83 años). Y si vamos un poco más profundamente, vemos que, en el transcurso del próximo período de gobierno, otros dos senadores del FA pasarían a retiro antes de tres años, puesto que tienen 67 cumplidos.
Quien los votó, ¿no cometió un gravísimo error? ¡Claro que sí!

Eso no tiene solución ahora. Lamentablemente tendremos que mantener ese nada bueno asilo de ancianos en el Palacio Legislativo. Pero, afortunadamente, habrá ¡al fin! un derrame rejuvenecedor de sangre nueva dentro del Ejecutivo.

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