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Se nos va la vida

Consideraciones sobre la emigración


@|Irónicamente, leí la columna del Sr. Fischer titulada “Se nos va la vida” en el aeropuerto de Londres. En unas cuantas horas estaría aterrizando en Montevideo, volviendo después de mi primer semestre afuera del país cursando el primer año de un bachillerato de tres. 

Si no me describe a mí, el perfil demográfico le pega en el palo. Escribo esto, porque reconozco que hay una conversación latente que debemos abordar: Es hora de cambiar la cabeza en cuanto a la emigración.

Primero, un tema de enfoque. Creo que por más que las intenciones son buenas, el autor le apunta al clavo, pero erra. Es un error discutir el tema desde la posición de los “adultos” y el Estado que ven como pierden la virilidad de los jóvenes. Esta actitud queda en evidencia con el uso de “exportando jóvenes”: a los jóvenes no nos exportan, nosotros mismos nos exportamos (es clave la diferencia). Sería mejor hablar sobre cómo hacemos los que nos vamos y los que se quedan para crear puentes fuertes (culturales, académicos, empresariales).

Un detalle: que un tercio responda que alguna vez pensó en salir del país (“aunque sea temporalmente”) no apunta ni cerca a la venida de un Armagedón Charrúa.

No sé si hablo solo por lo mío o por muchos de los que están en mi posición, pero no hay nada que me gustaría más que volcar en Uruguay la experiencia de vivir y aprender en el exterior. En el caso de lo académico, sería ridículo no reconocer que hay una demasía de opciones para obtener una gran educación en el extranjero. Hay mucho para ganar como país si podemos mejorar los vínculos entre las universidades locales y los uruguayos que se van. Es positivo, no negativo, ver que ese tercio de uruguayos aspiran a algo que ellos consideran mejor para su vida. Qué derecho tiene el resto, o el Estado en sí, a reprochar este tipo de ambición (o cualquier otra).

Perdón el cliché, pero vivimos en un mundo hiper conectado: no me parece ridículo proponer que un uruguayo en el extranjero puede llegar a ser tan valioso (si es que podemos medir el valor de tales cosas) como uno bien arraigado. Es obvio, muchos de los que nos vamos quizás no volvemos nunca más, y quizás no haya interés en volver. Es en eso que debemos trabajar, debemos mejorar lo que brindamos como sociedad, para que no se tengan que ir los que realmente no quieren irse, y que puedan volver o contribuir los que quieran mantener el vínculo. 

Fischer dice: El conocimiento y la educación de la gente son y siguen siendo la mayor riqueza de un país. Frases como esta destapan una premisa oculta y siniestra: aparentemente el uruguayo que se va no es más uruguayo. Uruguayo que se va, no aporta más a la cultura y educación de su país. Está en manos del que lea esto decidir si es verdad lo dicho, pero queda en evidencia la naturaleza ilógica de este tipo de actitud.

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