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Una vez más, se prioriza ser primero a contar la verdad


@|Luego de ver cómo trataron de politizar el asunto y la gran cantidad de noticias cargadas de datos erróneos o falsos, y sin afán de insultar ni recriminar ninguna de las actitudes que tuvieron los medios a la hora de transmitir la noticia con respecto a Mateo Urtiaga del viernes pasado, me veo casi obligado a aportar mi punto de vista como estudiante de Comunicación en la Universidad de Montevideo y, sobre todo, como amigo de la víctima, con el fin de hacer justicia sobre su imagen. 

Primero que nada, hay que aclarar el contexto de lo sucedido. El pasado viernes en la noche (sábado 02:20 de la mañana), mi amigo y compañero de música, entre otras cosas, volvía a su casa caminando del cumpleaños del hermano de la que era su novia desde hace aproximadamente 5 años.  Frente a la casa presidencial, es decir, llegando a su casa, un hombre lo sorprendió en bicicleta para luego terminar asesinándolo de una puñalada y un disparo, o de dos disparos en el cuello, o de uno solo en el pecho. La noticia también pegó directo al pecho, tanto a mí como a la gran cantidad de gente que acudió el lunes a su velorio, y los que no pudieron ir. 

“Cuando uno se entera que se fue un ser cercano,
no se entiende cómo y cuándo se le pierde de las manos.
Todo aquello que por años esa persona construyó.
La vida, casi siempre injusta, así lo quiso y se alejó”.
Mateo

Hace alrededor de 4 o 5 años, Mateo junto con Gonzalo Calviño se juntaron en una dupla musical llamada Maco y Glizzy, la cual trabaja constantemente y fiel a sus principios, aunque ahora lo hicieran individualmente, siempre tratando de innovar en todo lo posible. Con esto lograron una relevante repercusión, formando incluso un grupo de seguidores que se mantienen atentos a cada trabajo que sacan tanto individualmente como dentro del grupo.  

Por eso, cuando pienso en los medios que utilizaron frases e incluso fotos de Gonzalo para referirse a Mateo, u otros que trataron de proponer una imagen de criminal merecedor de lo ocurrido resaltando hechos no vinculados al caso, lo primero que viene a la cabeza es la falta de rigor y profesionalidad de algunos medios. Pero sin duda, lo que me causó mayor impotencia al ver a los medios hablar de forma tan simple, política y desinteresada de él, es que Mateo merecía que su aparición en estos espacios fuera por uno de los tantos méritos suyos ya logrados y por lograr, y no por culpa de un sistema que se encuentra en una espiral de decadencia. 

Nadie, literalmente nadie, merece ser asesinado tan joven de una forma tan agresiva, pero sin duda que Mateo Urtiaga, conocido también por su apodo artístico Maco, menos. Mateo era ese tipo de persona que estaba ahí pase lo que pase, el que si tenías un problema, te ayudaba a resolverlo, el que tenía siempre un oído para lo que necesitaras decir y una palabra justa para responder. La definición de su propio nombre explica quién era: una persona “que pone esfuerzo, interés y constancia en la realización de un trabajo o en el desarrollo de una actividad, en especial en el estudio”.
Nunca te vamos a olvidar, Maco.

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