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Verificar datos antes de divulgar noticias


@|Alguien ha afirmado con razón que, desde que apareciera la red de redes y los buscadores instantáneos de información, muchos se han acostumbrado a recurrir a estos medios para recoger y a su vez divulgar noticias, sin que a veces se haya podido verificar la veracidad de los datos. Y lo que es peor aún, sin que siquiera se haya comprobado el origen de los mismos.

Nos encontramos tentados a “tener la primicia”, frente a un “océano de información” es cierto, pero de “un centímetro de profundidad” y muchas veces lamentamos comprobar que -por crédulos o por cómodos- no nos tomamos el tiempo necesario para verificar la certeza de lo que recibimos.
Ello no debiera ser así. Ya que sin proponérnoslo, alentamos a inescrupulosos que intencionalmente buscan sembrar descréditos, trasmitir dudas sobre la honorabilidad e infundir resquemores en nuestra sociedad.
Ello puede atentar muchas veces contra los valores democráticos y republicanos en que se basa la propia institucionalidad y alentar disociaciones y profundizar resentimientos.

Es una actitud claramente disruptiva que puede ocasionar desengaños.

Pero cuando quienes lanzan en las redes de comunicación tales noticias, sin mayor análisis, buscan seguramente incidir en esa voluble opinión pública que, por lo general, se conforma con lo sensacional de la noticia y no indaga mucho más.

Tratándose de algunos personajes -supuestamente profesionales- que buscan llevar agua para su molino y medran con esa circunstancia, su conducta es por cierto más reprobable.

Lo cierto es que, lanzada la información con un viso de aparente veracidad, el desprevenido la replicará, el rumor correrá, minará la verdad y el daño ya se habrá hecho.

Poco a poco, se habrá logrado el objetivo evidentemente desestabilizador y debemos estar atentos y alertas. Ya que luego, las explicaciones que formule el organismo o la persona física involucrada, no tendrán la misma repercusión mediática y la duda permanecerá.

Será muy difícil restañar las heridas y el irresponsable, amparado en su “libertad de expresión”, seguirá haciendo de las suyas, y en el mejor de los casos, en que se le llegue a intimar a que se retracte en forma pública, sus “disculpas” no tendrán el mismo efecto que su noticia, retaceada de verdad o abiertamente maliciosa, por inexacta. ¿Cómo enfrentar estas situaciones?
Sin lugar a dudas, apostando a la educación, estimulando la formación del espíritu crítico y a saber distinguir y analizar los datos que nos proporcionan antes de replicarlos sin verificar los mismos.

Salir de la zona de confort donde la imagen y el mínimo texto nos envuelven y cautivan, sin permitirnos un tiempo para reflexionar o cuestionar cómo son las cosas en la realidad, sin brindarnos más datos que esa inmediatez sensacionalista.

Advertir la necesidad de pensar antes que hacernos eco -en definitiva- de rumores que, muchas veces, buscan infundir resquemores y desinteligencias; que, a la postre, pretenden horadar trayectorias y hasta poner en duda políticas públicas con la finalidad de sembrar malestar en distintos círculos sociales. ¡Estemos alertas!

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