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Venezuela

Silencio cómplice


@| En los últimos días, las noticias internacionales muestran el éxodo del pueblo venezolano escapando desesperadamente del hambre, la miseria y la desesperanza impuestas por la dictadura chavista. Las fotos con miles de personas de a pie sobre el puente Simón Bolívar sobre el Río Táchira y que comunica San Cristóbal (Venezuela) con Cúcuta (Colombia) son ilustrativas sobre la desesperación del pueblo venezolano huyendo del régimen encabezado por Nicolás Maduro. Venezuela tiene las mayores reservas de petróleo del mundo, las que son explotadas por el gobierno. La han destruido de tal forma que su moneda no vale nada, no existen alimentos ni medicamentos, por lo que todo aquel que vive cotidianamente estas privaciones deja su patria con el dolor que ello conlleva. Estiman en unos dos millones los que han abandonado el país de una población de 31,5 millones, en su gran mayoría en los últimos dos años. El principal receptor es Colombia por razones geográficas con 550,000, que obviamente es utilizado como trampolín para trasladarse a otros países por aquellos con mejores recursos intelectuales o económicos.

Venezuela fue país de acogida de numerosos emigrantes sudamericanos en la época de las dictaduras en el Cono Sur. En ese entonces era una democracia plena, con ciertos niveles de corrupción que “el socialismo Siglo XXI” impulsado por el Cmte. Hugo Chávez se encargó de utilizar propagandísticamente para llegar al poder que ocupó desde febrero de 1999 hasta su muerte en marzo de 2013. Si antes había corrupción, contrariando aquello de que si “si eres corrupto no es izquierda” oportunamente vertidas por nuestro ex vicepresidente, su gobierno superó todos los registros. Los altos precios del petróleo, que Chávez utilizó para desarrollar su egocentrismo, declarándose sucesor del Libertador Bolívar, avasallando a todo aquel que se interpusiera en su afán de poder, asistiendo económicamente a Cuba a cambio de su “intelligentsia”, inventando la” República Bolivariana”, la Unasur, Telesur y apoyando monetariamente a todos los gobiernos “progresistas” de América del Sur de modo de someterlos a sus caprichos. Luego, lo sucedió su “heredero político” Nicolás Maduro que sin la fortuna dilapidada por su antecesor, ni su capacidad ni histrionismo y con los precios del petróleo a un tercio del valor anterior, debió enfrentar el creciente descontento de la población que apoyó a los partidos de la oposición buscando un cambio democrático en el poder. Cuando perdió el control del parlamento luego de unas elecciones, primero intentó someterlo poniendo presos a sus líderes políticos, luego usando fuerzas paramilitares para reprimir manifestaciones de jóvenes, matando 200 en dos meses. Luego creó un parlamento paralelo sometido a su exclusiva voluntad y ahora llama a elecciones – obviamente controladas por sus adláteres – para continuar su gobierno despótico.

El partido de gobierno y su brazo sindical, el Pitcnt, no han tenido el más mínimo comentario al respecto de la situación venezolana. Sería entendible si se tratase de un país ubicado en otro continente, como ocurriera cuando las tropas comunistas de la URSS aplastaran los intentos revolucionarios en Praga o Budapest y el PCU guardara silencio. Pero no, se trata de un integrante – actualmente suspendido – del Mercosur, introducido por nuestro ex presidente anteponiendo “lo político sobre lo jurídico” y que ahora ante estos sucesos ha prescindido de su usual verborragia televisiva. Nuestro actual presidente y su canciller, dando razón al dicho de que no hay peor ciego que el que no quiere ver y dejando de lado aquello “que dentro de la ley todo”, no han tomado la más mínima iniciativa en pro del sacrificado pueblo venezolano. Por parte de la central sindical, siempre tan celosa defensora de causas ajenas, como cuando su secretario se hizo presente en Porto Alegre para “torcer” por Lula cuando estaba siendo juzgado en 2ª. Instancia por delitos de corrupción, no ha habido una sola palabra de crítica hacia el régimen dictatorial de Maduro.

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