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Las vacunas


@| Las vacunas son importantes y gracias a las vacunas se ha han eliminado muchísimas enfermedades importantes, como p. ej. la polio, la difteria, la viruela, etc., pero deben estar suficientemente probadas. No es el caso con la vacuna del VPH.

En 2016 el MSP había anunciado que la vacuna del papiloma humano VPH sería incluida en el esquema de vacunaciones en forma obligatoria a las niñas de 12 años. Esta propuesta generó gran preocupación en toda la población, especialmente en los padres de niñas de esa edad. Esto se debió a que se sabía que esta vacuna no ha sido suficientemente probada y que las campañas de vacunación obligatoria habían sido detenidas en muchos países como consecuencia de los efectos secundarios. Estos efectos, al contrario de lo que expresaron las actuales autoridades de salud uruguayas, no son menores; no se trata de los efectos relacionados a cualquier vacuna, tales como enrojecimiento, fiebre, dolor de cabeza, etc.), sino que se trata de efectos secundarios graves, entre los cuales se cuentan problemas neurológicos, afectación del sistema nervioso central, y hasta la muerte. Las protestas en ese momento lograron que a fines del 2017 se quitara la obligatoriedad. 

Sin embargo, en abril de 2018, se comenzó su aplicación en las escuelas, confundiendo a la población, y sin informar adecuadamente acerca de la relación riesgo- beneficio, ya que no solo se han informado en todo el mundo efectos secundarios severos en una proporción muchísimo más alta que en las demás vacunas, sino que además la efectividad real de dicha vacuna no está comprobada y recién se podrá evaluar dentro de 30 años.
Todos queremos prevenir el cáncer de útero, pero no basta con el deseo; es necesario demostrar que la vacuna es efectiva y también mirar los riesgos, o al menos que los usuarios estén bien informados.
Tampoco se puede minimizar estos casos, escudándose en números estadísticos, porque cada niña afectada es una niña real con un nombre y unos padres que podrán o no después tener recursos para afrontar las repercusiones de esos efectos secundarios, en caso de darse. Los efectos secundarios no son solo fiebre y dolor de cabeza, sino sustancialmente más graves y cualquiera puede entrar en ese margen estadístico. 

Apareció la noticia de una niña que, a propósito de la vacuna HPV, sufrió ceguera y parálisis. Y era lo esperable, dado que es lo que se viene dando en otros países, y era lo que habían advertido los padres en la televisión, por más que se quieran ocultar los efectos, alegando que no se puede probar la causalidad. Gracias a Dios encontraron la solución en Bs. As. Pero no es la primera en Uruguay, donde ya se han dado varios casos. Nos preguntamos: ¿qué pasa si es una niña cuyos padres no tienen los medios para hacerla atender en Bs. As.? Tal vez negarían el vínculo con la vacuna y le dirían que es una enfermedad autoinmune de causa desconocida, o le dirían que espere, o que se trata tan solo de problemas psicológicos, como ha pasado.
Dados los hechos, vemos la vigencia de los reclamos de los padres que pretendían que no se confundiese a la población y solicitaban se diese la información completa, sin engaño, o lugar a confusión.

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