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¿Vacunación obligatoria?


@|Cada vez escuchamos más voces (antes opositoras o indiferentes al tema) que se preguntan si no sería prudente y aconsejable la vacunación obligatoria...

Es que hay asuntos de serio interés social como la salud, la educación o la seguridad social que, mal que nos pese a quienes nos consideramos defensores de la libertad “en toda su extensión imaginable”, creo que no se deberían dejar librados a la buena voluntad, la consciencia o el capricho de los individuos.

La pavorosa epidemia que a nivel mundial nos aflige, es uno de esos temas muy serios y urgentes. Y que no me vengan con el verso de que “aplicar el principio de obligatoriedad sería violentar el derecho de cada cual”.

¿Dónde comienza el derecho de la sociedad humana a protegerse no solo de la enfermedad, sino del individuo que, por el motivo que fuese, incluso políticos, la toma a la ligera? ¿Ya no recordamos cuando niños, nuestros mayores y el propio Estado, acatando las sensatas recomendaciones del Ministerio de Salud Pública, no se oponían a que nos vacunaran “al barrer” en las aulas?¿Cuántos de nosotros nos habremos salvado, gracias a los desvelos de nuestras autoridades de entonces, de una vida desgraciada por los terribles efectos de la poliomielitis, o de la tuberculosis, por citar tan solo dos flagelos que ni siquiera tenían categoría de pandemia universal?
A ningún gobierno sensato, creo yo, se le ocurriría dejar librado al criterio de cada quién cuestiones sociales graves, como por ejemplo:

A) El manejar un auto sin la licencia habilitante. (Lo instamos a conducir con licencia, pero siéntase libre de hacerlo sin ella).

B) Dar -o no- enseñanza a nuestros hijos menores de edad. (Señor padre: lo instamos a enviar a sus niños a la escuela, pero si no quiere, no los envíe).

C) Que los patrones registren -o no- a sus trabajadores en Seguridad Social (Señor empresario: lo instamos a inscribir a su empleado, pero siéntase libre de hacerlo o no. La ley lo respalda).

D) Decretar libertad de pagar -o no- a Hacienda. (Señor contribuyente, sea bueno: lo instamos a pagar sus impuestos... si usted quiere).

E) Señor empleado, lo instamos a aportar al BPS a fin de generar un fondo solidario que lo socorra en su vejez, si lo desea usted, claro. Es opcional.

¿Te imaginas el múltiple caos que podría generarse si, en aras de una democracia mal entendida, un día leyésemos este anuncio oficial?:
“A toda la ciudadanía: El gobierno ha decidido que a partir del 1° de febrero de... se aplicará el concepto de Libertad Responsable para asuntos tales como A, B, C, D y E , entre otros que se irán estudiando sobre la marcha. Confiamos en que usted, como siempre, hará uso de su libertad responsable”.

¿Demencial?, ¿imposible? Pues, en la práctica, eso es precisamente lo que se ha hecho: dejar librada a la consciencia social de cada quien (tenga o no sentido de la responsabilidad social) el vacunarse para enfrentar -y tener chance de vencer con el menor número de muertes posible- a una pandemia universal, nada menos. Algo está siendo notoria y mundialmente incongruente entre el derecho -y la obligación- de los Estados a cuidar un bien común y su reticencia a defenderlo aplicando con medidas sin dudas antipáticas, pero saludables.

No es casual la peligrosa deriva de esta pandemia que -muy probablemente- ya debería estar declinando si la vacunación hubiese sido decretada inicial y universalmente obligatoria, con la lógica excepción de todos quienes tienen razones médicas -y sólo médicas- para ser eximidos de ejercer su responsabilidad para consigo y los demás.

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