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Utopía o realidad - Conclusión


@|Días atrás escribí una carta con el mismo título que hacía referencia a la creación de un “Servicio Agrícola Obligatorio”.

Esquematizando la idea, buscando su credibilidad, el Programa podría denominarse “Servicio Nacional de Formación Agrícola”, eliminando la definición políticamente polémica de “Obligatorio”.

Podrían participar jóvenes que no deseasen cursar Educación Terciaria y no tuviesen oportunidad laboral factible.

El servicio lo impartiría el Estado en régimen de internado gratuito, creando a esos efectos Institutos agrarios, con un primer cupo experimental de 100 alumnos, con edificaciones donde se alojarían los internos, profesores y personal de servicio; se impartirían cursos teóricos y tendría sus espacios para comidas y esparcimientos. Ello complementado con terrenos laborables en áreas de 100 hectáreas aproximadamente, donde se realizarían los trabajos prácticos.

Lógicamente, a esos efectos será imprescindible disponer de un predio del Instituto de Colonización, quien a partir de esta instancia será factótum de todo el proceso, tanto formativo como posterior (como se verá más adelante), participando ahora y en el futuro con el otorgamiento de tierras, acompañando así el proceso.

Los cursos de 2 años, otorgarían un diploma de “Técnico Agrario” o similar, en el caso de que éste ya existiese. Y acá viene lo más interesante: las generaciones de alumnos que se reciban cumpliendo con probidad los cursos formativos, recibirán como premio una colonia de predios de 2 hectáreas cada predio, el cual contará con una construcción donde se pueda alojar cada alumno en forma individual, pudiendo asimismo formar una familia con el paso del tiempo.

Recibirán asimismo un crédito en equipamiento de herramientas de labranza, semillas y plantas de vivero que posteriormente deberán reembolsar con su trabajo. Podrán además organizarse en pequeñas cooperativas, organizándose en producción y comercialización, todo lo cual lo habrán aprendido en los cursos realizados.

Su probable costo, desde el momento de efectivizar el Programa, sería absolutamente razonable y factiblemente facilitado con préstamos o donaciones internacionales de organismos de desarrollo internacional.
Habremos entonces convertido aquella “Utopía” en “Realidad”.

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