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¡Uruguay, el país de los "comebosta"!


@|En este país donde la devoción futbolera es tal, que hasta los vinos empaquetados juegan al fútbol y meten goles y donde las cervezas dicen que lo que importa “es lo de adentro”, pero no lo de adentro tuyo en cuanto a sentimientos y valores, sino de lo que tengas adentro de la botella; podemos asistir sin asombrarnos a los mayores excesos de una humanidad intolerante y manijeada por profesionales del odio y el resentimiento, que no resignan nada en su obstinada lucha por victimizar a unos compatriotas, culpabilizando a otros. Y me refiero a la lucha sindical, tanto en el sector público como en el privado.

Porque no creo en absoluto que a esta altura de la humanidad haya que seguir manejando a los obreros y empleados como a los perros de Pavlov, haciéndolos salivar por el condicionamiento del estímulo-respuesta, ante cualquier señal de posible beneficio inmediato, independiente de los riesgos y peligros futuros, para la comunidad.

En este aspecto, señalo los desmadres continuados de los funcionarios de Adeom, en continua afrenta con la autoridad departamental, buscando cualquier tipo de excusa para poder dominar desde su posición, la gestión municipal!

Y otra más, cuando después de conocerse el brutal endeudamiento que dejó para el resto del país la anterior administración de Ancap, en abril 2018, la deficitaria planta de cemento cerca de la ciudad de Minas, cumplió dos meses sin producir, motivado por la aplicación de medidas sindicales y arrogándose la potestad de quienes deben planificar, formular, y gestionar la viabilidad económico-financiera de la Institución estatal! Y mientras, Ancap estimaba la pérdida por el conflicto en 3.5 millones de dólares!
Lo más grave, es que Ancap debe competir con “Cemento Artigas”, de capitales españoles y también con la que está construyendo un grupo brasileño en el departamento de Treinta y Tres. Mientras, a su vez, otra empresa importa el producto bajo la marca “Charrúa”. O sea, a los trabajadores de Ancap no les importa un comino que la planta sea eficiente y sustentable como para pagar sus sueldos, porque en definitiva, como es del Estado, se los tendrá que seguir pagando el Estado, produzca o no produzca! ¡Y aunque las ganancias se las lleven empresas particulares!
¡Demencia sindical!

Y agrego la de los empleados de un ferrocarril fundido, trancando una salida con técnicos finlandeses dentro de un proyecto de inversión histórico promovido por el gobierno; trancando recientemente la inauguración de un ramal ferroviario de enorme interés para la población -desairando incluso la presencia de la Vicepresidente de la República, quien debió volverse, ya que el tren no salió porque el sindicato ferroviario resolvió realizar un paro.

Y para finalizar, siendo descalificada de la licitación para transportar la celulosa de UPM, porque, según el propio presidente de AFE “¡no somos un servicio confiable!” ¡Vergüenza mayor!

Y desde el sector privado, los abusos de los empleados de Conaprole - beneficiarios directos del trabajo histórico para el país de 2.000 productores lecheros agremiados (un ejemplo de Cooperativismo a nivel regional) y a quienes tuvieron el tupé de calificar como “canarios comebosta”. Sin reparar que esos canarios comen bosta para que sus hijos y todos los hijos del Uruguay tomen leche, ordeñando las vacas de madrugada y dos veces diarias -con lluvia, con frío, o con sol inclemente - porque las vacas no hacen paros ni descansan produciendo leche, y si no se la sacan, ¡se enferman! Y dándoles trabajo a ellos, aún cuando más del 50% de esos 2000 productores, cobran menos que un funcionario de los 1.850 de Conaprole.
Hay un tremendo egoísmo en el sindicalismo uruguayo que pretende ignorar el trabajo de los “comebostas” que alimentan a sus familias, con el único, egoísta y mediocre objetivo, de conservar sus beneficios de “comebostas” asociados!

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