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Uruguay y el fútbol


@| La multitud en el Estadio Centenario en la despedida de la selección, la semana pasada, me hizo sentir y añorar que esa comunión, esa unidad en un solo fervor, esa convivencia alegre y pacífica, en armonía, sin franjas separatistas, (que no existían años atrás), no se extendiera a otros terrenos, extrapolándose, a la actitud imprescindible para reencontrarnos integralmente como sociedad. 

Para elevarnos sobre las pasiones y posiciones sectoriales, en beneficio del país en su conjunto; sustituyendo a una dialéctica abrumadora y estéril, por la búsqueda de acuerdos en los que el norte sea todo el conjunto social, requisito excluyente para la solución de las angustias de diversa naturaleza que lo acucian. 

Si lo logra la Selección Celeste, resulta dramático que no lo consigamos fuera de esa órbita. Quienes tenemos más de 70 años, sabemos, lo vivimos, que no siempre fue así y tomando como ejemplo, a la más tradicional de las rivalidades, la de Nacional vs. Peñarol, (por orden alfabético), que simbolizan dos mitades simétricas a las del escenario político de hoy, convivían civilizadamente en las tribunas, siendo el carácter de locatario una mera formalidad rotativa, para el acceso libre a las mejores ubicaciones, que no impedía la presencia de los hinchas del equipo visitante, compartiéndolas. 

Esa armonía y madurez fue posible y solo con acciones presididas por la GRANDEZA de los actores con responsabilidades políticas y corporativas, más la comprensión y el apoyo de los ciudadanos, (que surgirán si perciben un cambio en la actitud de aquéllos), podremos tener la felicidad de volver a vivir, lo que para las nuevas generaciones, parece un sueño.  

La otra reflexión, surge del fondo de la historia y refiere a que si hoy el deporte de la “redonda”, es en el mundo entero la mayor pasión deportiva, nuestro pequeño país Uruguay, insignificante geopolíticamente, con su capital en el punto más austral de la Tierra, fue capaz de cimentar e imponer con sus hazañosos triunfos en dos Olimpíadas y dos Mundiales, a la hoy gozada universalidad de un deporte, que si bien históricamente no “fundó”, fue hasta 1954 inclusive, su mayor y más glorioso abanderado. 

Esto último que señalo, debiera ser una guía para el desafío, para cargarnos de épica y fe, ya que entiendo que de no tener “en foco”, como guía, a esas hazañas, no las reconquistaremos, quedando y avanzando penosamente en una mediocridad sin esperanza, que envolverá sin salida “a los que vendrán después”, a “este bendito país” que no estamos honrando.

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