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Universidad de la Educación


@| El primero de marzo comenzarán las clases y el tema de la educación vuelve a estar sobre la mesa de todos.

Desde aquel lejano, educación, educación y más educación del señor Mujica, pasando por la meta anunciada reiteradamente, del 6% del presupuesto nacional para el sector, reclamado por los sindicatos, al cual se sigue sin arribar, a pesar del tiempo transcurrido, todo esta por hacerse y se siguen tirando palos con los ojos vendados como si de una piñata se tratara.
Ahora se quiere concretar la Universidad de la Educación, una nueva zanahoria detrás de la que correrá todo el País, se invertirá mucho dinero, se crearán muchos cargos y cuando se alcance, nos enteraremos de que era solo eso, una vulgar zanahoria, un nuevo fracaso que se utiliza para tapar otros.

Del enunciado del señor Mujica, que era solo un título sin contenido, hasta el porcentaje presupuestal que en su mayoría se utilizó para mejorar los salarios de los docentes y algún local, pero del contenido ni hablamos, se ha pretendido cambiar el resultado de la performance de los educandos, siendo más permisivos al momento de calificar, por eso se agitan los porcentajes de aprobación como un logro, cuando es todo lo contrario.
Hoy existe un Instituto de Formación Docente, donde estudian los maestros y el Instituto de Profesores Artigas donde se forman los profesores de secundaria.

La mayoría de los docentes de la enseñanza media, en todo el país, NO son egresados del IPA, ahí una de las explicaciones del fracaso de los estudiantes, puesto que para la mayoría de los profesores del segundo ciclo, la docencia no es una vocación arraigada, sino solo “una changa” como diría el ex Presidente Mujica o un favor que se le hace a un Director amigo que no tiene con quien cubrir algunas horas de clase.

Cuando se habla de reforma, lo primero que se le ocurre a las autoridades es cambiarle de nombre a lo que ya existe, no se elabora un proyecto educativo concreto, estudiado y analizado a nivel técnico, con seriedad, sin importar la filiación política de los participantes, como fue el de José Pedro Varela en el siglo XIX, que fue a confrontarlo con las principales corrientes educativas de Europa y EE.UU., para luego analizarlo y desmenuzarlo con Sarmiento, quien en esa época era embajador argentino en USA, debiendo para ello realizar interminables viajes en barco.

Cuando Varela regresa al País, en el Uruguay había una dictadura militar, y a pesar que el reformador y el dictador estaban en las antípodas del pensamiento político, el gobernante le ofreció el cargo y todo el apoyo para concretarlo y aquel lo aceptó, no sin dolor, pero convencido de que era una oportunidad única para concretar su sueño, que debía de ser una política de Estado, que estuviera más allá de las personas, y del pensamiento político de cada uno, pues era prioritario el bien de las generaciones futuras y ningún adulto tenía el derecho de hipotecarlo.

En el Uruguay de hoy, quienes deciden son ex docentes universitarios, que lo han sido porque les daba lustre a su curriculum, pero que ninguno de ellos han tenido formación pedagógica sistemática, y también como el gobernante contemporáneo de Varela se han dado cuenta de que la enseñanza funciona mal, pero a diferencia de aquel, en lugar de llamar a los mejores, han entregado la educación a los sindicatos por afinidades políticas, quienes como todo gremio prioriza el salario de sus afiliados, la condiciones de trabajo, los beneficios sociales, los derechos sindicales de sus dirigentes, la autonomía de los órganos de dirección y al final los estudiantes, es decir la carreta delante de los bueyes.

Ahora como todo lo anterior ha sido un rotundo fracaso, proponen otra reforma más, pero no de la forma de enseñar, ni de los programas, se les cambiará el nombre a los Institutos de Formación Docente, que tendrán los mismos programas, los mismos profesores y los mismos alumnos, pero llevarán el pomposo nombre de Universidad de la Educación, cada materia será una nueva facultad y eso lo abanicarán en las próximas elecciones como un logro del oficialismo. “Será el mismo perro pero con distinto collar”. Es tal el desprestigio en que ha caído la enseñanza que hasta los jueces se animan a opinar sobre los resultados académicos, siendo esto una de las tantas aberraciones.

Lo razonable sería que si se crea esa Universidad, que la formación sea realmente terciaria, se contraten docentes de las principales universidades europeas y de EE.UU. con el fin de que den cursos de post-grado a nuestros profesores y/o que se otorguen becas para que los nuestros se especialicen en el exterior, así creceríamos hacia el futuro, en beneficio de nuestros jóvenes y del porvenir del país.

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