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Un desatino jurídico

@|He leído, con más curiosidad que interés, la denuncia penal que presentó un grupo de legisladores del FA contra el diputado Germán Cardoso, a propósito de su actuación en la contratación de publicidad en Internet cuando fuera Ministro de Turismo.

Fue así que me encontré con lo que suponía: la denuncia era una transcripción de lo que la prensa había informado al respecto, pero sin ninguna precisión sobre el hecho concreto, presuntamente delictivo. Y esto importa y mucho, porque el mero relato de un procedimiento administrativo sin determinar qué hechos pudieran tener relevancia penal, es acercarse peligrosamente al ámbito vedado de la “inquisitio generalis” propia del derecho medieval.

Esto es así porque la investigación preliminar debe referirse siempre a un “caso concreto” y además a un “hecho presuntamente delictivo” (8 y 256.1 del CPP), por lo cual su determinación no puede quedar librada a la pesquisa de la Fiscalía. Es decir, la denuncia no es la comunicación de una percepción meramente psicológica del denunciante, una suposición, sino que debe estar bien delineada por actos y circunstancias que hagan verosímil la existencia de un hecho presuntamente delictivo.

En lenguaje llano, denunciar al voleo para ver qué pasa es jurídicamente inaceptable, tal a mi juicio el caso en comentario, cuya intención política, anunciada y concretada, abruma con sus probanzas.

Pero hay otro riesgo en este tipo de presentaciones judiciales y es que los actos administrativos queden a merced de la indagatoria de su mérito, es decir, de su oportunidad y conveniencia, como ya ha pasado otras veces con jueces que se han excedido en sus competencias, opinando sobre lo que es bueno o malo para la Administración en materia de contrataciones. Fuera del control de legalidad que compete al Contencioso Administrativo y al Tribunal de Cuentas, la indagatoria penal no puede abocarse a pesquisar atisbos de presuntos delitos, cuando la denuncia claudica en su regularidad jurídica, diluida en una generalidad imprecisa y gaseosa, metafóricamente hablando.

Por el contrario, alejarse de la vocinglería política es buena cosa para quienes deben mantener su espíritu en sosiego, libre de toda contaminación.

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