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Triste realidad

Los iguales ante la ley


@| Si en una tradición nos reconocemos es en ser todos iguales ante la ley. Esta tradición originaria del derecho foral español, recogida por los Cabildos de la Colonia, es amplificada por las Asambleas Artiguistas.
Sobre esta premisa quiero leer los sucesos entre productores autoconvocados y el Presidente de la República.

Videos varios, sin edición previa, vistos con detenimiento muestran una Asamblea dialogante con la pasión propia del momento, retrato elocuente de la hora.

Un comerciante cuestiona la obligatoriedad de la Bancarización, un productor reclama el costo del gasoil. El presidente se sincera sobre la finalidad principal de esas medidas recaudatorias y punitivas contra “los vivos” y los “delincuentes” que contrabandean gasoil.

Un trabajador rural, joven y vehemente interroga sobre la vida y la seguridad; “Matan a la gente de trabajo”, expresa. La respuesta presidencial no refiere a víctimas ni ciudadanos, sino a sí mismo: “yo puedo abrir la boca porque soy honesto”.

Una Asamblea de hombres libres, espontánea, dura, desordenada, cara a cara, sin ahorrar temperamento ni índices acusadores por ninguna de las partes.

Ante un “no mientas más” del colono Gabriel Arrieta, el Presidente desciende desencajado del auto y profiere los términos más duros de toda la Asamblea: “sos un mentiroso y un sinvergüenza”. Recobrada la serenidad, dialogan y promete recibirlo. Una provocación, un desborde, un diálogo fuerte, resuelto en una promesa conciliadora.

Pero al día siguiente la “nomenklatura” oficial, prensa amiga y aparato partidario designan como víctima propiciatoria al más débil y agraviado de los interpelantes: un colono desalojado de 35 hectáreas, residente en un ómnibus en su predio. Con perfil de Inquisición, Presidencia publica su perfil crediticio, la Presidente de Colonización, en canales y radios una y otra vez detalla incumplimientos varios del hereje Arrieta. La fuerza política repica incansablemente esta información en las redes sociales.

No conozco a Gabriel Arrieta, no me interesa su filiación política pasada ni actual. Sé detalles de una fallida cooperativa e imagino el resto. Sin más detalles: en esta lucha de David contra Goliath, estoy de su parte. Digo más: la historia estará de su parte. No somos iguales ante la ley, no somos republicanos, ni democráticos actuando así. No somos justos eligiendo al débil para blanco de los anatemas oficiales. Hay una oprobiosa sombra de opresión y tiranía en esos actos.

Invocando un iluminado espíritu solidario, se trajeron presos de Guantánamo y familias sirias, dándoles tierras, vivienda y subsidios. Invocando la creación de empleo se tenderá una alfombra de US$ 1.000:000.000 a una multinacional.

Invocando ese mismo espíritu, ¿no corresponderá tender una mano a Gabriel Arrieta en lugar de exponerlo al escarnio público en esta hoguera mediática?

Un gesto así nos haría sentir mucho más iguales ante la ley, mucho más republicanos, en suma mucho más orientales.

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