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Tratado del Río de la Plata


@|El 19 de noviembre próximo debería recordarse el cuadragésimo quinto aniversario de la firma del Tratado del Río de la Plata y su Frente Marítimo.
Tuve el honor y el privilegio de haber sido uno de los negociadores uruguayos de este tratado que fue el resultado del esfuerzo de especialistas de ambos países que nos abocamos, con total dedicación, a alcanzar una solución racional y equitativa a las cuestiones de límites en el Río de la Plata y en su frente oceánico. Durante algo más de tres años, para los integrantes de ambas delegaciones, no hubo otro tema, ni otra mayor preocupación que las negociaciones que llevábamos a cabo. Fue un factor determinante, en el acuerdo alcanzado en enero de 1973, el hecho de que los trabajos tuvieran carácter secreto y se desarrollaran, esencialmente, sobre bases técnicas lo que permitió convertir a ese tratado más, que en un simple acuerdo de límites, en un verdadero estatuto constituido por 92 artículos. Se ha argumentado que el Tratado del Río de la Plata y su Frente Marítimo fue el fruto de circunstancias políticas excepcionalmente favorables. Y es verdad. Sin la voluntad política del Teniente General Juan Domingo Perón el mismo no hubiera entrado nunca en vigencia. Pero también es verdad, que si no hubiera existido un proyecto de tratado como el que se había alcanzado por los negociadores de ambos países, el tiempo que hubiera in sumido iniciar nuevas negociaciones y concretar acuerdos en la materia, no hubiera permitido alcanzar una solución que contase con el respaldo de Perón que asume la Presidencia de su país, por tercera vez, en septiembre de 1973 y fallece el 1° de julio del año siguiente. 

El Tratado del Río de la Plata y su Frente Marítimo fue objeto de críticas muy duras por analistas de ambos países. Incluso debo mencionar que el prestigioso historiador Juan Pivel Devoto, al referirse a la participación que me cupo en la redacción de algunos aspectos del Tratado, me calificó de “traidor a la Patria”. 

Pero el tiempo pone las cosas en perspectiva y este casi medio siglo transcurrido es un férreo testimonio en el sentido de que este tratado ha sido un instrumento eficaz para la racional y equitativa distribución de jurisdicciones, para el desarrollo de la navegación, para la prevención de la contaminación y la adecuada explotación de los recursos compartidos. A título meramente ilustrativo, la Zona Común de Pesca, pactada en el mismo, fue fundamental para el desarrollo pesquero del país. Pero sobre todo, este tratado al aventar las duras controversias sobre límites que existían, sentó las bases para otros acuerdos que han permitido el desarrollo conjunto de los países del Plata. 

El Presidente Perón dispuso que se condecorase a los negociadores uruguayos. Personalmente, se me otorgó la Orden de Mayo al Mérito en el grado de Gran Cruz. De los distintos gobiernos de mi país, hasta hace unos pocos días, nunca había recibido el menor reconocimiento. Ni una nota, ni un diploma, ni una escarapela. Nada. Pero a esta altura de mi vida, en la que Caronte me espera ansioso para que aborde su barca, he sido informado por el Señor Comandante en Jefe de la Armada Nacional, Almirante José Abilleira, que se nos ha conferido la máxima condecoración que la misma otorga al Capitán de Navío (r) Yamandú Flangini y a mí. Se trata de un honor que me emociona particularmente no sólo por el reconocimiento que implica a la gestión que me cupo en la negociación del Tratado del Río de la Plata y su Frente Marítimo, sino además, por los vínculos, de afecto y particular estima que mantengo, desde hace más de medio siglo, con la Armada Nacional.

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