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Tinta gris

Tiempos pasados eran...


@| Generalmente los jóvenes se molestan, cuando con todo derecho los más veteranos al referirnos a tiempos pretéritos decimos con nostalgia “antes esto no pasaba”. Entiendo la molestia; es cierto, en ocasiones exageramos, en otras generalizamos y nobleza obliga reconocerlo no hacemos más que repetir lo que decían nuestros ancestros. El concepto de que “todo tiempo pasado fue mejor” sigue latente que incluye la percepción de un declinismo que augura que vendrán tiempos peores. 

Ante la fractura de la sociedad que se traduce en falta de valores y crisis educacional a todo nivel, nos repiten todos los días las autoridades que esa realidad va a costar mucho revertirla y machacan constantemente con su muletilla preferida: “es un problema mundial”. Frase acompañada con un encogimiento de hombros que sintetiza simplonamente una impotencia y trasmite una resignación que en criollo quiere decir: “Es lo que hay, valor”.
¿Qué nos pasó? ¿Cuándo se produjo el quiebre? ¿Cuándo cayeron los límites? ¿Cuándo las normas empezaron a debilitarse bajo la influencia de la permisividad? ¿En qué momento las autoridades bajaron la guardia?
Tomemos una muestra clara de la decadencia: el deporte mundialmente preferido. Recuerdo una situación de la que fui testigo en los años 70. Tribuna Colombes a medio llenar, detrás de mí una pareja de enamorados. Quevedo que erra un gol imposible y un hincha que se acuerda de toda su familia. Los que estábamos cerca lo recriminamos con la mirada haciendo señas hacia la presencia de la dama. ¡Ojo que hay mujeres! -dijo uno- el agresor avergonzado poco le faltó para irse del estadio. Hoy día, se ven mujeres que sin reparar en lo machista del insulto evocan los genitales de las progenitoras. Lo mismo ocurre (¡hasta en el baby fútbol!) ante el mínimo roce con el rival o contrariedad con los fallos arbitrales. El minuto de silencio tuvo que devenir en salva de aplausos porque no se respetaba. De la emoción que despertaban los himnos partidarios se pasó a ensalzar el homicidio del hincha rival. El Himno Nacional se escucha sentado. Para ir al baño hay que pagar peaje. En la tribuna hay quien vende sexo y droga. Antes había un policía cada 20 metros, ahora hay que rogar por su presencia, que según un ministro es causa de irritación a los barrabravas. Como no sentir nostalgia si antes escuchar a un Heber Pinto con sus metáforas ocurrentes era enriquecer el vocabulario.
En un partido de Danubio, el juez Larrionda le dijo al colombiano Hamilton Ricard “ta bien que me insultes, pero no me amenaces” dando por sentado que el agravio soez lo aceptaba. ¿Esteban Marino y Ramón Barreto habrían hecho lo mismo? En Europa (que tuvieron que lidiar con el vandalismo) ahora vemos que los espectadores parecen estar en un teatro.

¿Es tan difícil cambiar la pisada en un territorio cuyo número de habitantes sigue siendo casi el mismo que varias décadas atrás? ¿Qué nos está faltando que antes sí teníamos? Respuesta: Normas, normas que se respetaban o se hacían respetar, escritas en negro, ahora la tinta es gris. 

Poco me importa, que se intente “lavar el cerebro” para disfrazar la ineptitud al universalizar la crisis educacional, lo mismo que la inseguridad y repartir la culpa entre todos. Yo voy a seguir comparando, son cosas que he vivido, no son fruto de la imaginación.

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