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Tercera edad


@|El 28/agosto próximo se cumplirán 3 años (¡!) de la publicación en esta página de una reclamación que hice sobre el trato discriminatorio que reciben de los bancos los ciudadanos de la tercera edad. 

El hecho de la no solución, o siquiera la consideración del tema por parte del gobierno nacional en todo el lapso respectivo, no pasaría de ser más que una de las tantas omisiones sociales despiadadas propias del Frente Amplio si no fuera porque en realidad constituye una gran paradoja, habida cuenta de la existencia de manifestaciones oficiales frecuentes formulando una supuesta preocupación incluso a través de un presunto “Sistema Nacional de Cuidados” que, más que nada, a pesar de la atención física que le procure enfatiza en la psiquis del anciano su senectud exponencial.
Es bueno pasarle el plumero a la susodicha protesta de larga data, ya que días pasados el Presidente de Chile, Sebastián Piñera, dijo públicamente de su extrañeza y desacuerdo hacia la actitud en el mismo sentido de los bancos chilenos con los ancianos. 

Tal evento despertó en nuestra cabeza la casi certeza de que también en nuestro país existen personas con el intelecto y la sensibilidad del Sr. Piñera. 

Es algo primario. La arbitrariedad cruel e irracionalmente economicista, contra el respeto, el sentido social, la dignidad, el amor y el reconocimiento a las virtudes en la mayoría de los casos intactas de los ancianos.
Me comprenden “las generales de la ley”. Ello me ha permitido sufrir el error, la desidia y el irrespeto directamente por parte de un país que mantiene un injustificado alto perfil de solidaridad y tantas cosas de cuya presencia sólo existe el nombre. Muchas veces he sido increpado con dicterios como “viejo chot...” o “viejo de mier...” sin una mejor razón que la de tener edad avanzada. Soy octogenario. 

Y no sólo tengo que recibir el acoso marketinero de servicios de compañía, empresas fúnebres, casas de salud y otros sistemas, sino que me está prohibido solicitar crédito bancario aunque tengo suficiente patrimonio e ingresos para hacerlo. 

Eso sí, “me permiten” tener en el banco todo el efectivo que quiera o pueda… ¡por lo cual me cobran! 

El estrés en esta etapa de la vida tiene un mayor riesgo psicosomático que en edades menores. 

Es de desear que algo o alguien con la debida honesta racionalidad y sentido de realidad empiece a preguntarse cosas y preocuparse por esta postura absolutamente inmoral de los bancos. 

¿Somos gente de inferior categoría los viejos? ¿No tenemos derechos? Creo que debería ser lo contrario. Tendríamos que ser privilegiados. 

Para llegar a esta etapa hemos discurrido la vida y ella hoy está afirmada en nuestro caletre como una posesión subjetiva inestimable de gran valor empírico.

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