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Tendido de fibra óptica


@|Uruguay Natural, dos palabras que definen muy bien la cultura de un país que se caracterizó siempre por el paisajismo en sus rutas, espacios públicos, plazas y jardines, respeto por el medio ambiente y celoso del impacto ambiental.

Dos palabras coincidentes con la calidad humana, respeto y educación de sus ciudadanos.

Decía el Presidente De Gaulle que hacen falta doscientos años para tener un césped de calidad.

Es por eso que estoy contemplando con estupor e indignación las fotos testimoniales de la tropelía acometida por la contratista de Antel en el jardín de mi casa, ubicada en la esquina de las calles Mar del Plata y La Floresta, del Barrio San Rafael de Punta del Este, con motivo del tendido de la red de fibra óptica, iniciativa de avanzada que no condice con la brutal acometida depredadora. 

Si bien es cierto que parte del jardín por la que pasa el cableado forma parte del espacio municipal, todos los vecinos hemos invertido para mantenerlo como jardines, incorporando riego y plantas tendientes a resaltar aún más la belleza de los pocos espacios arbóreos de inusual belleza que se conservan como testimonio de una época. 

De haberse respetado las reglas del arte, en el contrato que firmara Antel con sus contratistas supongo que deberían constar el respeto por el paisajismo, el medio ambiente y los espacios comunes. 

Con el fin de optimizar la ganancia, la empresa priorizó la velocidad en la instalación, omitiendo comunicar a los vecinos su próximo paso, de forma tal, que trazada la línea operativa de instalación del cable, se pudieran retirar los panes de césped y plantas con el fin de ser reinstalados una vez concluidos los trabajos. 

No sólo eso, la máquina empleada rompió despiadadamente cuanto árbol y plantas se cruzaron a su paso, muchas de ellas llevan décadas de plantadas y que de haber sido advertidos, se hubiera encontrado una forma menos dañina de actuar. 

Aparte, en su voraz afán excavador rompió caños de riego, tapó picos de riego con montañas de tierra, que aún persisten, cortó cables eléctricos subterráneos, destruyó canteros de plantas que se hubieran podido rescatar con su prolija extracción previa. 

Me resulta incomprensible que Uruguay, un país tan celoso de su hábitat, otorgue patentes de depredación. 

Llevará mucho tiempo reparar lo actuado. 

Es por ello que advierto a los vecinos para que se anticipen y adopten las medidas necesarias para que el tendido no los afecte de esta manera.

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