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Técnica y método de algunos políticos


@|Varias series norteamericanas como “House of Cards” y “Designed Survivor”, entre otras con similar argumento, describen con lujo de detalles los entretelones de gobiernos obsesionados por el poder estatal y el predominio internacional, manipulando abusivamente o recurriendo a la fuerza armada.

Si bien el guión como sus protagonistas son ficticios, tienen antecedentes reales como “Todos los Hombres del Presidente”, de Woodwar y Bernstein, que relata las circunstancias que promovieron el Watergate, que obligó a dimitir al presidente Richard Nixon (1974).

En las mencionadas seriales podemos destacar:

1. Cuán maquiavélico es el accionar de los políticos y sus asesores.

2. Cómo sus fines justifican cualquier medio para lograr progresivas porciones de poder (que al decir de uno de los protagonistas es “un camino pavimentado con hipocresía y víctimas, sin arrepentimientos”); en donde sólo triunfan los más capaces de urdir la compleja trama, cueste lo que cueste.

3. Ver los intrincados, tenebrosos y sofisticados recursos que usan, desde la simple mentira, el engaño, la tergiversación, el soborno y la extorsión hasta… el asesinato.

Recordé la frase del Quijote de Cervantes: “En todas las casas cuecen habas y en la mía a calderadas”, y me pregunté si en nuestro medio era igual o parecido. Me acordé de la renuncia a la política activa de un ex canciller nacional argumentando: “no es lo mío” (sic); adoptando una postura antagónica a la de los políticos tradicionales.

También destaco el sistemático accionar de algunos integrantes de la oposición, que confunden el positivo contralor con la resistencia negativa y la sistemática obstrucción a toda propuesta oficial aunque ésta sea constructiva, anteponiendo intereses partidarios a los de la nación.

Otro de los protagonistas son el denominado “cuarto poder”, conformado por la prensa escrita y televisiva (a los que se han sumado las redes sociales). Los primeros son formadores de opinión pública, influyen -directa e indirectamente- en los habitantes, los partidos políticos y los gobiernos. Lamentablemente, algunos medios carentes de ética periodística, anteponen el rating (la calificación de popularidad), al interés público y nacional. Explotan el morbo, difunden falsas o supuestas noticias sacrificando la honorabilidad personal, los años de reputada dedicación por un desliz menor, circunstancial y ajeno a los trascendentes temas del país.

En cuanto a las redes “chusma-sociales” han demostrado que el anonimato los equipara a lo peor de lo culto, lo ético y lo moral, alterando gratuitamente la vida privada de las personas y las instituciones. Hay un mal interpretado “derecho a la libertad de expresión”, porque sus derechos terminan donde comienzan los del prójimo.

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