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¿Te diste cuenta?


@|Que no tienes el control de nada...

Que de la noche a la mañana, todo cambió y lo único que realmente te importa es tu salud y la de los tuyos.

¿Te diste cuenta que poco importa todo lo demás?

Que fragilidad tan grande es toda esa fortaleza que pensabas tenías tan controlada y segura. ¿Para qué sirve tenerlo todo si “todo” hoy no vale nada?

El cambio del auto, tus quejas acerca del gobierno, la organización de aquel viaje, hasta tu desmedida pasión por el fútbol, todo se ha visto borrado de un plumazo por un diminuto y desconocido virus.

Un virus que nos ataca a todos y se las ha ingeniado siendo tan pequeño para desacelerar la economía mundial, subir el dólar, desplomar la Bolsa, cerrar Disney World y limpiar el aire viciado de las grandes metrópolis, contribuyendo a disminuir el calentamiento global.

¿Será que la naturaleza tiene su propio orden y llegó el momento de ponernos a raya dejando bien claro quién es el que manda en este juego? O será que el universo dijo ¡basta! ¡Pongamos al ser humano en su lugar!
Y resulta que nuestro mejor lugar es éste, volviendo a casa, volviendo a la familia, valorando lo esencial, reconociéndonos parte de un engranaje mayor y haciendo de la solidaridad nuestra bandera de vida.

Tanto tú como Trump, hoy tienen el mismo miedo al contagio y el miedo rompe escalafones, destruye posiciones, aniquila títulos, porque cuando tenemos miedo, somos todos iguales.

No controlamos nada, solo estamos aquí y ahora, y el “aquí” hoy es el mundo entero y el “ahora” es el día a día, no hay nada más allá.

La vida es el tesoro más grandioso que nos ha sido dado, junto a la familia, la risa despreocupada, el beso que añoramos, el abrazo que no podemos darnos, las reuniones con amigos, la libertad, esa misma libertad que hoy nos ha robado un pequeño virus. Algo que ni siquiera podemos ver, algo que se cuela sin permiso y nos arrebata nuestra rutina, nuestros planes, nuestra idiosincrasia y nuestro libre albedrío, sin que podamos hacer nada.

Algo bueno tenía que salir de todo esto…

Cuando vuelva todo a la normalidad, (porque sin duda va a volver), deseo que hayamos aprendido el real valor de cada cosa; deseo que cuidemos más a nuestros mayores; deseo que pasemos más tiempo con nuestros hijos en casa; deseo que disfrutemos del aire en la cara, del sol, de los paseos con el perro; deseo que nos sintamos menos omnipotentes, menos sabios, más humildes.

Pero sobre todas las cosas, que volvamos al abrazo fuerte, al abrazo fraterno, a un abrazo global que nos hermane a todos habiendo entendido por fin que un bichito muy pequeño nos ha dado la lección más importante de toda nuestra vida.

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