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Tasa turística

Un despropósito


@| La Junta Departamental de Montevideo en ejercicio de su función legislativa y de contralor, habrá de analizar la propuesta enviada por el Ejecutivo capitalino en el Mensaje de Modificación Presupuestal para el año 2019, y decidir si se aplicará o no la denominada “tasa turística” a los extranjeros que visiten nuestra ciudad capital. Pese a la posición contraria del Ministerio de Turismo y a las propias propuestas del Frente Amplio en la materia, el gobierno de Montevideo insiste con que debe cobrarse esa tasa, la que administrada por un “Fondo de Sostenibilidad Turística”, redundaría en el mejoramiento de la actividad y la aplicación de políticas de desarrollo en esa área.

El argumento en que se funda la pretensión del ejecutivo de Montevideo resulta endeble y poco creíble, ya que el nuevo tributo que se pretende implementar, debiera tener -de acuerdo a las normas tributarias vigentes- una “razonable equivalencia” con los servicios que eventualmente se presten y para los que estaría destinado lo recaudado, de otra forma sería un nuevo impuesto. Pero lo que llama aún más la atención, es que se pretenda recaudar la tasa de referencia “tal como se viene haciendo en otras ciudades y capitales del mundo”, cuando la situación con respecto a esas otras ciudades y Montevideo, es harto diversa y por ello, incomparable. En nuestra ciudad capital, padecemos desde hace ya mucho tiempo de un deterioro alarmante, que los sucesivos gobiernos del Frente Amplio no han resuelto. Promesas y más promesas, hemos recibido quienes contribuimos a las arcas municipales con altas contribuciones y tributos domiciliarios, sin que se advierta mejora alguna que justifique siquiera esa imposición. El mayor porcentaje de lo que se recauda, se destina al rubro “sueldos y retribuciones”. Si nos referimos sólo al centro de nuestra querida ciudad capital, lamentamos comprobar no sólo la falta de iluminación adecuada, sino el mal estado de las veredas y calles, pobladas de supuestos “cuida coches u ordenadores del espacio” que, en su permanente exigencia de monedas, hacen su jornal y defienden más su territorio, que a quienes optan por estacionar sus vehículos en la vía pública. La ocupación de los espacios públicos por mal vivientes, nos ha limitado el uso de los mismos.

Cuánto cobertizo no enrejado de los diversos estilos arquitectónicos que aún pervive, ha sido tomado por colchones y harapos malolientes, donde cubiertos con cartones, se adormitan habitantes de todas las edades y sexos, sin política “inclusiva” que los mueva. Plazas, fuentes, fachadas y monumentos que ornamentan nuestro entorno, han debido ser protegidos por algún tipo de rejas, siendo objeto de “creativos” artistas callejeros que, con sus “grafitti” no hacen más que dañar el patrimonio público y privado, sin que nadie les llame la atención (no contamos con “guarda parques o plazas” en todas ellas, y muchos espacios son atendidos por empresas privadas que tal vez, a cambio de concederles el uso de excelentes ubicaciones, se encargan del “mantenimiento y cuidado” de las mismas).

Es por éstas y no otras razones, que entendemos no debiera prosperar esta iniciativa que, a la postre será contraproducente.

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