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En situación de calle


*|Cada mañana lo mismo... Llego al Centro y comienzan a despertarse...
Hace días que observo a una mujer que ronda los 30 y pico, que supongo duerme sobre uno de los grandes ventanales del edificio de Maroñas (Yaguarón y 18). Está pasada de droga, dice incoherencias todo el tiempo.
¡Por Dios!, cruzo todos los días la Plaza Cagancha y en todos los lugares donde sobresale algún techito se acomodan para dormir uno al lado del otro, tapados con cartones, nylon, algún acolchado viejo. Los canteros de la plaza ofician de baño y para guardar sus pertenencias.  

Yo me pregunto: ¿y los derechos humanos de esta gente? No me conformo con que las autoridades digan que como no van a los refugios, no se puede hacer otra cosa. Vidas dejadas a la mano de Dios... Gente que es joven aún y que puede trabajar.

¡Qué hicieron con nuestra sociedad! El doble discurso se cae a pedazos, está a la vista de todos.

¡Hagan algo! ¡Tomen medidas! Y el Mides, ¡por favor! ¿Qué ha hecho? Dar limosna a cambio de nada. ¡Hay que enseñarles a pescar! Una y otra vez, no regalarles el pescado. ¿Acaso no se entiende? ¿Acaso no tienen la capacidad de hacerlo?

A esta gente hay que internarla compulsivamente, y luego de recuperarla hay que ponerla a trabajar. El trabajo dignifica. ¿Acaso no lo saben?
Y ni quiero pensar en los vecinos que viven en el Centro (ya que es el lugar donde más se concentra esta gente), que pagan altos impuestos para encontrarse todos los días con esta situación. Y nada pueden hacer más que pedirles que se retiren y limpiar las veredas y entradas de edificios, porque dejan todo en un estado lamentable; y no es justo.

Señores esta gente no es mi responsabilidad, ¡es su responsabilidad! Nosotros, los ciudadanos de este país, estamos hartos de pagar impuestos y ver como se dilapidan por doquier sin obtener resultados positivos.

¿A dónde vamos a ir a parar?

Por eso, no nos engañemos más. Quizás el FA tuvo la buena intención de lograr un país de primera, pero los resultados están a la vista. Lejos, muy lejos quedó ese deseo. A lo mejor la voluntad estuvo, pero sin duda faltó capacidad. ¡La educación, la salud, la seguridad, y aínda mais quedaron en el debe!

No pudieron, el programa falló, no sirve y la verdad, los uruguayos estamos cansados.

¡Es hora de cambiar, esto no da para más!

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