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Los sindicatos

Estamos hartos


@|Las expresiones del Intendente Daniel Martínez, como consecuencia de la ocupación de su despacho por parte de Adeom, son compartidas por la mayoría de la población. 

No sólo en referencia a dicho sindicato, sino por las actitudes del sindicalismo en Uruguay. 

Esto no es sólo una percepción, las estadísticas lo demuestran. 

Una encuesta realizada por la empresa Factum entre la población, ubicaba a los sindicatos con un 25% de aprobación entre distintas instituciones de Uruguay. En primer lugar estaban los bancos, seguidos por la Policía, las FFAA, la Iglesia, el Poder Judicial, los empresarios, el Parlamento y luego los sindicatos. 

Esto es consecuencia directa de la actitud prepotente y patotera con que actúan. Evidentemente desde que asumió el primer gobierno del Frente Amplio, los sindicatos aumentaron su poder, pues tenían un aliado político en el gobierno.  

Para el gobierno esto era un escollo, pero era el precio que debían pagar a cambio que los sindicatos les juntaran votos y ellos pudieran seguir en el poder. En principio pensaron que los podrían controlar, pero los hechos demostraron todo lo contrario. 

En el segundo gobierno de Tabaré Vázquez, éste nombró a María Julia Muñoz como Ministra de Educación y Cultura. Todos pensamos que dicho nombramiento obedecía al carácter que ésta tenía en el manejo de problemas laborales, más teniendo en cuenta la dureza que tienen los gremios de la Enseñanza. Sin embargo, cuando la situación se tensó y el gobierno aplicó el decreto de esencialidad, el sindicato se puso duro y tuvieron que dar marcha atrás y bajar la cabeza. 

Nadie está en contra que los trabajadores se sindicalicen y defiendan sus derechos, el problema es que la mayoría de los dirigentes sindicales quieren derechos y no obligaciones. Quieren que respeten sus reclamos, pero ellos no respetan la propiedad privada y la ocupan; no respetan el derecho de quienes no quieren hacer huelga y les impiden el ingreso a su lugar de trabajo; así como tampoco les importa las consecuencias que sus actos ocasionan en la población. Viven con las ideas del siglo pasado y si pudieran harían lo mismo que Maduro: expropiarían las empresas y formarían cooperativas. 

De cooperativas tenemos pésimos ejemplos con los beneficiados por el Fondes. 

Otro problema que tienen los empresarios y del cual los sindicatos no hablan es el ausentismo laboral. Se calcula que a nivel general éste ronda el 20%, pero ahora con el Mundial de Fútbol, está alrededor del 30%. 

Hay empresas que debido a esto deben contratar personal con regímenes especiales para cubrir las faltas que son habituales y que en el caso de una industria, frena el proceso de producción. 

Esta situación se dio a partir del año 2010, cuando el BPS cambió el sistema de certificación por enfermedad.  

Si comparamos el año 2014 con el 2010, las certificaciones por enfermedad aumentaron un 100%. Todos saben que la mayoría son certificaciones complacientes, pues la mayor parte de ellas no son por golpes o accidentes, sino que la excusa es por lumbalgia y/o estrés.

Quienes vienen del exterior a invertir y generar trabajo o son muy audaces o no conocen la realidad de los sindicatos. Tenés que estar dispuesto a que te ocupen la fábrica; que te exijan cuáles deben ser las remuneraciones; que te indiquen cuál debe ser tu ganancia para repartir el resto entre los empleados y soportar que el Ministerio de Trabajo avale todos los atropellos. 

Ya que se dicen defensores de los derechos de los trabajadores, nunca se les escucha hablar de sindicatos en China o en Venezuela o en Cuba a pesar que trabajan en condiciones inhumanas, sin ningún elemento de seguridad y ganando en el mes sólo para comprar comida para un solo día.

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