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Siempre un chivo expiatorio


@|Durante la Edad Media, reconocemos allá por mediados del siglo XIV, un quinquenio maldito, en el que la humanidad occidental perdió al menos al 30% de su población por una peste.

La peste está causada por la bacteria Yersinia pestis. El hombre contrae la infección cuando sufre la picadura de una pulga que contiene en su sistema digestivo los bacilos infecciosos. Los roedores (sobre todo las ratas) actúan como portadores de pulgas con su cargamento de bacterias patógenas.

Hoy, en pleno siglo XXI y sufriendo las tragedias que nos está provocando la pandemia del coronavirus, la referencia a las pestes del pasado son inevitables. La peste bubónica debuta con fiebre elevada, cefalea, malestar, debilidad e inflamación de nódulos linfáticos (bubones). La bacteria (Yersinia pestis) se multiplica en el interior de los nódulos linfáticos. Desde allí alcanza la sangre, difundiéndose a casi cualquier tejido corporal. La mortalidad es altísima y la aparición de manchas negras en la piel fue lo que hizo que la gente le diera el nombre de Peste Negra.

A pesar de las distancias en el tiempo y las diferencias con el Covid-19 hay similitudes en el supuesto origen animal de la peste y su vinculación con ratas en aquellos tiempos y hoy con murciélagos casi 700 años más tarde. En el medio han sucedido otras catástrofes sanitarias y otras pandemias y en todas ha habido algún denominador común. El más significativo es la búsqueda de un chivo expiatorio.

Durante la Edad Media, el cristianismo ubicó como responsable de la Peste a los judíos. Y luego de muchas muertes y destierros, cuando se supo que los judíos no habían provocado la peste, se la agarraron con las ratas.

En fin, los culpables no fueron ni los judíos ni las ratas. En todo caso la fatalidad, la falta de higiene y si se quiere encontrar un responsable fueron las pulgas. La propia Iglesia Católica tuvo que enmendar su error en una conocida encíclica del siglo XVI y liberar de culpas a la comunidad judía.
En la actualidad, el Covid -19 también nos muestra como la humanidad busca esos chivos expiatorios con acusaciones cruzadas. Se acusa a la inmigración que lo llevó a Europa, a los chinos, a los murciélagos, a Bill Gates, y los negacionistas hablan de Plandemia.

En nuestro país también acaba de aparecer la teoría del chivo expiatorio. A alguien hay que cargarle los muertos. Un profesional del ámbito de la medicina intenta cargar los muertos del Covid -19 al gobierno del Presidente Lacalle.

¡Vaya paradoja! ¡Vaya casualidad! No aprendimos nada en 700 años. Nada.

Las pandemias tienen ese sino trágico del contagio que supone la interacción humana. Tan humana que solo el hombre puede evitarla con su conducta libre. No hay que echar culpas, sino ayudar y punto.

Cuándo aprenderemos los seres humanos a dedicar todas nuestras energías a unirnos en momentos de catástrofes en vez de dividirnos y usar las desgracias en favor de nuestras pequeñas miserias políticas. Cuándo aprenderemos a no endosar problemas que son universales a discriminaciones odiosas por razones de etnia, sexo, religión o mera politiquería.

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