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La seguridad


@|Días atrás, en un programa de televisión, su conductor y el conjunto de panelistas comunicaron expresiones muy interesantes y válidas sobre el tema de la delincuencia que preocupa y sobre todo apremia a “todos” los uruguayos.

Pero lamentable y sorprendentemente también hubo manifestaciones insólitas que revelan criterios impropios de gente que de acuerdo a su presunto nivel técnico o intelectual, debería trasuntar su opinión en forma categóricamente racional o por lo menos de recibo.

Es inadmisible que alguien diga -como sucedió en el programa- que hacer trabajar a los reclusos en las cárceles sería duplicar o aumentar la condena original decretada por el Juez al remitirlos a prisión.

Esta afirmación puede significar 2 cosas posibles: desconocimiento semántico o una mente carente de racionalidad. ¿Desde cuándo el trabajo tiene condición punitiva? El ser humano conlleva el trabajo desde los albores de la Creación.

Está implícito que toda labor debe ser remunerada. De lo contrario sería esclavitud.

El Uruguay tiene la sensación visceral de que quien solucione el problema de la Seguridad Pública se ganará el corazón de la población.

Está bien que se ataquen las causas de la delincuencia, pero es igualmente prioritario solucionar los efectos, máxime cuando estos se han convertido en causa.

Ello sucede con la gran población carcelaria resultante de la delincuencia que está alojada en un sistema de reclusión que se ha convertido en una Universidad del delito.

Es urgente disponer de una gran inversión para una reforma carcelaria integral que implique trabajo y/o estudio del recluso incluyendo industria y actividad intra y extra muros.

Los reclusos deben ser remunerados por trabajar y estudiar, para pagar su reclusión y ahorrar para su liberación.

Cada módulo carcelario debe tener sus industrias y centros de enseñanza y un sistema de escucha intervencionista de las comunicaciones escritas o radio telefónicas con el exterior, sin celulares.

Y los módulos deben ser independientes, aislados y sin comunicación alguna entre ellos para diferenciar a los reclusos por los tipos de delito, trabajo y estudio.

No debe escatimarse en confort decoroso, salubridad, higiene, etc., porque el castigo es la privación de libertad, no la tortura y la indignidad.
La inversión y la infraestructura deben exceder las necesidades, por razones obvias.

No se puede ahorrar en ello. Tampoco se pueden seguir incumpliendo leyes y reglamentos y mantener un Código Penal blando y caótico.

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