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El San Rafael

Nuevo proyecto


@| El ex Hotel San Rafael ha sido noticia por estos días debido a dos proyectos que ha presentado el renombrado Arquitecto Rafael Viñoly a la Junta Departamental de Maldonado. Ambos proyectos son extremadamente disruptivos y apartados de toda normativa existente, por lo que han movilizado a vecinos, arquitectos, autoridades, políticos, empresarios, sindicalistas y sociedad en su conjunto a opinar y manifestar su opinión sobre el mismo. 

Los vecinos de la zona hemos visto con preocupación el continuo deterioro del edificio principal, las instalaciones y el parador de la playa San Rafael, que otrora fuesen íconos del desarrollo y glamour del balneario. Este deterioro comenzó cuando el complejo dejó de contar con el Casino San Rafael y se ha viso acelerado notablemente en los últimos 7 años.
Esto ha evidenciado la incapacidad de los dueños de gestionarlo adecuadamente y preservarlo, así como la de la Intendencia de Maldonado de obligarlos e intimarlos a cumplir con su obligación de mantenerlo en condiciones adecuadas, conforme a la normativa vigente.  

La manzana 815 del Barrio San Rafael donde se encuentra ubicado el ex Hotel San Rafael, es propiedad en parte de Fosara S.A. y en parte de Yolanda Manoukian de Merlo, quien cuenta con un conjunto de padrones que cubren aproximadamente el 50% del terreno.

En el mes de octubre de 2017 la Junta Departamental de Maldonado votó una excepción por 180 días, prorrogable a 180 días más, para autorizar la construcción de dos torres de hasta 70 metros de altura en la manzana 815 del Barrio de San Rafael, con el objetivo de que fuera atractivo para un inversor, rescatar el ex Hotel San Rafael.

Los 11 padrones propiedad de la Sra. Manoukian a la fecha en que se votó la excepción (3/10/2017) adeudaban la contribución inmobiliaria desde el año 2012, un monto que a la fecha de hoy supera los 10 millones de Pesos uruguayos. Es casualmente en estos padrones donde la Junta Departamental de Maldonado autorizó la construcción de dos torres de hasta 70 metros, en una Avenida en la cual la altura máxima permitida es de 2 pisos para casa habitación y 10 para hotelería, normativa que siempre buscó realzar el Hotel y preservar el Barrio Jardín. 

Si los dueños de una propiedad emblemática no son capaces de preservarla en condiciones aceptables, no pagan sus impuestos y perjudican al barrio, vecinos y visitantes; ¿es razonable que para rescatar el ex Hotel San Rafael se les otorgue una excepción que les permita vender la manzana en 40 millones de dólares y le de sombra al Hotel y al barrio de por vida?
Hoy la discusión ya no es de dos torres de hasta 70 metros, ahora vamos a ver opiniones sobre los dos volúmenes descomunales de 100 metros de altura.

Me pregunto: ¿El mecanismo de excepción a la normativa nos garantiza la sustentabilidad y sostenibilidad de estos emprendimientos, de los barrios y de la ciudad en su conjunto? En otras palabras, ¿el fin justifica los medios?
Como dijo José G. Artigas: “No venderé el rico patrimonio de los orientales, al bajo precio de la necesidad”.

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