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El San Rafael: Verdades y Mentiras de una obra deseada


@| No hay duda que sería bueno para Punta del Este poder recuperar el San Rafael, un icono que forma parte de la historia de este balneario que se ha convertido en una ciudad de clase internacional. 

El tema es que para recuperar el hotel es necesario llevar adelante un emprendimiento inmobiliario que pueda sostener la inversión que aquel demandará, y está claro que el costo de la incidencia de la tierra deba amoldarse a la ecuación del negocio en cuestión. 

Desde el lado del estado es razonable que se promocionen y auspicien la llegada de nuevas inversiones que no solo amplíen el mercado de quienes consumen el producto Punta del Este, sino que además las mismas sean un polo de generación de empleo para sus habitantes.

Hasta ahí, entendible. Ahora, ¿es necesario que a costa de cumplir con los requisitos señalados anteriormente sea necesario llegar a tener que considerar como ineludible, aceptar un proyecto que vulnera casi todo lo imaginable e inimaginable?

Primero se presentó una torre de 67 pisos y 300 metros de altura y un tremendo puente cruzando la rambla. Algo increíble para un empresario de talla mundial que se dice amante de Punta del Este y de un arquitecto uruguayo criado y educado en Buenos Aires, que sostuvo que quiere que Punta del Ese sea la nueva Cannes del Mundo, olvidando quizás que lo mejor que le puede pasar a una ciudad es evolucionar, adaptarse a los cambios, pero ofreciendo su propia impronta. Dejemos de lado la desgraciada mención a la plata negra argentina. La plata negra debiera ser no bienvenida cualquiera sea su origen. 

Días pasados se conoció el segundo proyecto, en el cual sus responsables dicen haber tomado en cuenta los reclamos realizados al primero. 

El rascacielos dio lugar entonces a dos torres horizontales perpendiculares entre sí con una altura de 100 metros, en tanto el puente sobre la rambla desapareció. Una silueta absolutamente distinta, sin duda, con mucho más que ver con Miami, Dubai o Singapur que con la nueva Cannes. 

Ahora bien, la presentación de uno y otro proyecto dio lugar a distintas versiones con relación a los mismos, las que dejaron expuestas algunas verdades y mentiras que vale la pena tener en cuenta. 

- Cipriani no ha comprado aún el Hotel San Rafael. El mismo sostuvo que si no se aprueba el proyecto la compra no se concreta. 

- El hotel no corre el riesgo de ser demolido. Si Cipriani lo comprara, su proyecto incluye su recuperación y sino lo compra no tiene derecho a hacerlo. 

- Cipriani es un exitoso empresario gastronómico de reconocida fama internacional, pero no posee una reconocida cadena de hoteles con base en Europa como repetidamente se ha sostenido. El Hotel Cipriani de Venecia es propiedad de Belmond Hotels (ex Orient Express). Cipriani sí tuvo a su cargo la responsabilidad del ex Mantra en Punta del Este pero solo una temporada veraniega (2002/03 ) nada más.

- El segundo proyecto no habría tomado forma durante el vuelo de regreso de Viñoly a Nueva York el pasado viernes 15 de junio como señalan algunas crónicas. Fuentes bien informadas nos anticiparon antes de esa fecha que “… parece que la la torre implosionó y un nuevo proyecto mezclando el ayer con lo que viene, lo reemplazaría”. Nada más parecido a lo que finalmente se hizo público el 22 de junio.

- Los US$ 40 millones requeridos por los propietarios para la venta del hotel es una verdad que raya lo insostenible, en tanto y en cuanto impone la aceptación de un proyecto controvertido que necesita excepciones “excepcionales”, para que el mismo sea sostenible en términos económicos.

Quizás sea la hora de abrir puertas donde pareciera que las mismas no existen, verificando si algunas verdades de perogrullo no encierran “mentiras insostenibles”.

Los actuales propietarios deberían comprender que el precio apetecido no se adapta a una formula de negocio razonable para todos y, por lo tanto, debe ser reformulado. En tanto una dupla como Viñoly y Cipriani -a quienes le sobran blasones para realizarlo- deberían trabajar en un proyecto que pueda cumplir las expectativas de todos: inversores, diseñadores, autoridades, futuros usuarios del complejo y la comunidad de Punta del Este.

Sería un error imperdonable que sustentos errados puedan llegar a convertir el deseado proyecto de recuperación del Hotel San Rafael en un desarrollo inconcluso que le legue a Punta del Este la vergüenza de un proyecto inconcluso en una ubicación que hará imposible disimular la historia de un gran fracaso.

El esfuerzo de todos parece ineludible de modo de poder convertir una “mentira insostenible” en una verdad de Perogrullo.

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