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Sálvese quien pueda

Culpa y no mea culpa


@|El 11 de mayo de 2016, se publicaba en este prestigioso diario, una carta de quien suscribe, que concluía con la frase “mientras tanto, sálvese quien pueda”. 

Más de dos años después, sigue resultando un triste dèjá vu.

En materia de seguridad, la izquierda nunca asumió el problema en forma pragmática, libre de anacrónicas y fallidas recetas sociales del siglo XIX. Colocó en el cargo a funcionarios decorativos que pecaban más de ingenuos que de pusilánimes. 

Qué lejos quedaron aquellos incautos Ministros del Interior que antecedieron al actual, (atornillado al piso no se sabe por qué misterioso capricho); a aquel ingenuo buen hombre que aconsejaba a los ciudadanos portar un silbato y soplarlo en caso de ser asaltado por un delincuente, que además no tuvo mejor idea que abrir las puertas de las cárceles en forma indiscriminada.

Qué lejos quedaron aquellas pintorescas revistas de tropas policiales arriba de un caballo montado por otra buena señora, amante de las selfies en la ducha al estilo Hitchcock que con indisimulada soberbia desestimaba la insistente preocupación ciudadana (ya en aquel entonces), esgrimiendo imaginarias y folklóricas sensaciones térmicas como excusa. 

Qué lejos quedaron aquellas intermediaciones negociadoras de barricada entre menores delincuentes y policías, por parte de un señor que hoy es embajador en Cuba y de una señora que hoy es Ministra de Desarrollo Social, al grito de advertencia de “no me toquen a mis muchachos”, hasta que fueron sorprendidos ambos por una filosa cuchilla en la garganta. 

Qué lejos quedaron aquellos cinematográficos y “sorpresivos” operativos comando con infantería policial, vehículos terrestres y helicópteros militares, que acordonaban manzanas enteras para capturar a delincuentes que curiosamente desde el día anterior ya no estaban en ese lugar.  

Qué lejos quedaron los días que con bombos y platillos se anunciaba a los cuatro vientos la llegada del “ultra secreto” Guardián que sería la panacea estratégica contra el delito pero lamentablemente también se comunicaba en forma pública que su uso era estéril para el Whatsapp. ¡Qué patético, que torpeza, que improvisación, que falta de profesionalidad! ¿Con esas infantiles estrategias, en otros tiempos el Sr. Bonomi y sus compañeros de guerrilla urbana pensaban hacer triunfar la revolución socialista contra el “Pachecato”? 

Cuántas excusas… Que el policía no estaba cumpliendo el 222; que no llevaba chaleco antibalas; que el ciudadano si no andaba en algo sospechoso no tenía nada que temer; que tampoco debía hacer ostentación de dinero en la calle; que la culpa la tenía la prensa; que la culpa la tenía la oposición que incendiaba la pradera; que la culpa la tenían las encuestas tendenciosas de la derecha; que la culpa la tiene la droga como si en Europa no hubiera; que la culpa la tiene la Justicia; que la culpa la tienen los jueces; que la culpa la tienen los fiscales, que la culpa ahora la tiene el Código del Proceso Penal. 

La culpa, la culpa, la culpa, nunca mea culpa. Sin perjuicio de ello, la Justicia de aquí en más también deberá apretar clavijas, no cobrar muchas veces al grito tribunero y no dejar delincuentes sueltos con profusos antecedentes previos y peligrosos. 

Y por último, este gobierno que siempre hizo y hace gárgaras con los derechos humanos del pasado, que también no se olvide de los derechos humanos del presente, tanto para los presos abarrotados en cárceles más propias de un campo nazi como para los ciudadanos que somos víctimas de ellos. 

Mientras tanto, reitero, sálvese quien pueda.

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