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Rural del Prado 2019


*|Siempre me gustaron los espacios abiertos, el viento en la cara y principalmente el mundo rural.

Permítaseme hacer un pequeño análisis de este tema que se está volviendo espinoso y abordado quizás con pasión exagerada; y considero que si bien se percibe como una salvajada, si se analiza objetivamente, no lo es tal.
Los jinetes de este evento son domadores destacados y trabajadores rurales que todos los días desarrollan las actividades propias del campo.

En cuanto a la psicología de estos muchachos les aseguro, sin temor a equivocarme, que todos ellos poseen un profundo amor por el caballo y ya ni se dan cuenta de la dupla que tienen con el equino, considerando una patología no tenerla.

Las jineteadas de la “Rural del Prado” representan las olimpiadas nacionales de esta disciplina y todos los que intervienen en ella pueden considerarse como los destacados y seleccionados de las jineteadas de todo el país y sienten que a la vez es una manera de hacer historia.

Y esto se confirma sólo con escuchar las hazañas realizadas tanto por caballos como de jinetes que quedan marcadas a fuego en el tiempo, como por ejemplo el “paleta quemada” y tantos otros.

Tan solo observar con ojo detallista desde los que transmiten la doma, con modismos y picardías sanas, frescas y ocurrentes, tan típicas en el campo.
También viendo a los dos jinetes que se encargan de auxiliar a desmontar al jinete que culminó su faena (apadrinadores), con el caballo a galope tendido y sacándolo con una delicadeza casi de figura de ballet.

Ni hablemos de cómo se presenta vestido el gaucho, que no le falta una prenda, el cuchillo una joya, el cinto igual, botas, bombachas y algún culero.
El caballo, impecable por donde se lo mire; ni gordo ni flaco, la boca sensible a la menor indicación y una flecha en la faena.

Ensillado con esmero, hasta con doble argolla para el lazo, para poder traer mejor al caballo al palenque.

Las jineteadas de la Rural del Prado son una inmejorable oportunidad para que la gente de la ciudad, generalmente totalmente ignorante de este ámbito (aunque muy suelta de cuerpo en el momento de juzgarlo), pueda asomarse para aprender algo del mundo rural y comprobar el coraje, la determinación y la fuerza de estos jóvenes que desarrollan dichas actividades.

Porque primero hay que ser corajudo para subirse a un potro que sabe corcovear y bien fuerte.

Es una lucha totalmente desequilibrada donde un jinete de 70 u 80 kg se enfrenta “mano a mano” con un reservado de 500 kg, todo músculo, fuerza y velocidad, con la esperanza de aguantarle 8 segundos en el lomo, similar a la lucha mitológica entre David y Goliat.

Esos animales que proceden de todo el país, son un número muy reducido de animales que nunca se entregarán para ser domados.

Todo productor rural saca de su predio lo antes posible este tipo de animales que sólo le ocasiona gastos. Estos animales son mansos de abajo pero imposible de ser montados, y su destino cierto es de ser enviados a alguno de los frigoríficos específicos existentes en el Uruguay para la faena de caballos.

Destinándolos a estos eventos, estos animales viven una vida larga, siempre muy bien cuidados, pastando en buenas praderas, racionados y con todos los cuidados necesarios para que en esos 8 segundos den su mejor espectáculo.

No quiero finalizar sin manifestar mi extrañeza al ver un conjunto de jovencitas gritando en forma desaforada por un caballo lesionado que decidieron sacrificar, pero ni un grito por los muchachos golpeados durante el espectáculo.

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