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Rodríguez Labruna


Lo conocimos en la Facultad de Derecho previo a un examen de Obligaciones, en una conversación que comienza informalmente entre dos jóvenes que se van a enfrentar a una prueba importante para su futuro y que procuran calmar sus nervios conversando. Fue entonces que supimos que ambos teníamos dos afinidades comunes en nuestro sentimiento futbolístico y político. 

Pocos años después, siendo muy joven fue electo diputado por el Partido Nacional en Montevideo, lo que reiteraría después en 1971, ya consolidado el liderazgo de Wilson Ferreira, viendo interrumpida su actuación por el golpe de estado. En forma inmediata se movilizó y de manera activa se dedicó desde el inicio mismo de la dictadura a la tarea de mantener viva la llama de su partido y a formar conciencia para el restablecimiento institucional. Fue, junto a Oscar López Balestra, los dos primeros detenidos por el régimen que se instauraba, que no toleraba, desde el inicio mismo, que se le cuestionara, y él lo había hecho a través de panfletos de los que se preocupó de su impresión, para distribuir en ocasión de un partido de Uruguay por las eliminatorias del Mundial de 1974 en Alemania. Fue proscripto, pero no cesó en su lucha por la recuperación de nuestra democracia, teniendo que buscar al mismo tiempo una nueva modalidad laboral para mantener a su familia, pues la política había dilatada su graduación, sin perjuicio de un nuevo intento para finalmente lograrla. Sabemos bien, y no lo vamos a recordar, por ser resortes de su vida personal, que hizo muchos sacrificios, pero que, en ese momento, el de la prueba, no falló y estuvo activo en mantener viva la llama del partido y el de la esperanza. Es así como lo recordamos, como uno de los héroes civiles de esa época, que prefirió la abnegación del sacrificio a una plácida y cómoda posición de abstención que no le perjudicara. 

Quienes tuvimos conocimientos de aquellos años, lo sabemos. Como lo supieron muchos de sus rivales políticos que en ese instante compartieron las mismas preocupaciones por el destino del país. Pero, lamentablemente, el tiempo dilata muchas veces en densas neblinas las memorias colectivas que, poco a poco, se van desdibujando.  

Yo, hoy siento necesidad de proclamar que no lo olvido, y que lamento que la vieja colectividad reaccione de una forma que refleja temor ante intentos de revancha, en lugar de proteger, habiendo motivos para hacerlo, a sus viejos servidores en uno de los momentos más difíciles de su historia y la del propio país. 

Después de todo, que es lo que surge de la imputación que se le hace publicitada en forma distorsionada, que basta con comparar el monto de la misma, para apreciar que no hubo uso abusivo como para intentar someterlo al escarnio, mediante una publicidad en que sí hubo abuso.
Considero que se nos está escapando de las manos la noción de las cosas. Es este uno de los casos en que se abusa en un intento de equipar situaciones que no lo son, como lo es la propia situación del Subsecretario de Interior sobre si se trata el suyo de un caso de nepotismo. ¿Acaso un Presidente no puede tener a un hermano como hombre de confianza en su gobierno? Como en su momento lo tuvo John Kennedy. Todo es cuestión de dimensión. Un familiar colaborador no es nepotismo. Lo es sí, la proliferación, pero un caso aislado no. 

Y, en la misma forma, volviendo al motivo de nuestra preocupación, comparemos los montos imputados y dividámoslo por el período de actuación. No alcanza a cien dólares por mes, una suma que por sí sola evidencia que no hubo abuso o presunción de que lo hubiera. Pero, por sobre todo, están los antecedentes: el del sacrificio personal en el momento supremo de la prueba. 

No me resigno a que en mi país, las miserias políticas imperen en tal grado, que castiguemos inmerecidamente a quienes fueron forjadores de nuestra restauración democrática. Y, en este momento tan injusto para una vida personal de sacrificio, siento la necesidad de proclamarlo, porque si no lo hiciera, no me sentiría en paz conmigo mismo.

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