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Riqueza y desigualdad


@|Es cierto que la humanidad se ha enriquecido en una proyección inesperada desde los últimos siglos.

En la Edad Media, la riqueza del mundo era siempre la misma. En cambio ahora, aún considerando la explosión demográfica, tenemos mucha más riqueza por habitante que antes.

El motor de este enriquecimiento global ha sido el capitalismo y las políticas liberales. En ningún caso puede atribuirse ni una pizca de este enriquecimiento a alguna política socialista, o menos aún, comunista.

Como esta última afirmación ya no es discutida por nadie, las personas con orientación izquierdista, que se oponen al liberalismo, acometen contra el sistema mencionando el gran problema que surgió como consecuencia de las políticas liberales: la desigualdad. También aquí debe reconocerse que este gran problema vino atado al capitalismo. Trajo desigualdad, y a niveles que no existía antes. Así que tenemos al único motor que ha probado que genera riquezas y este motor nos ha hecho ricos, pero desiguales. Los otros motores no funcionan. De los que se han probado, éste motor capitalista es el único que funciona, pero nos infectó de desigualdad.

Ya al inicio del siglo veinte, los capitalistas se dieron cuenta de que este problema podría ser malo para la humanidad y malo para sus propios intereses privados. Aparecieron los controles del capitalismo, y muchos aspectos mejoraron. Aún queda mucho por hacer, pero el camino para el futuro quedó trazado sin lugar a dudas.

En ese mismo lapso en el que el capitalismo aún no comenzaba a solucionar sus problemas, aparecieron brotes socialistas en muchos países emergentes, y planteaban una alternativa distinta al verdadero motor productivo. Fue en todo el siglo veinte que probaron el motor socialista de producción de riqueza. La verdad es que lograron unidad en cuanto a la distribución de la riqueza. Casi no había desigualdad porque casi no había nada de riqueza para repartir. Tuvieron 100 años y grandes territorios de nuestro planeta para probar su máquina de riqueza. No produjo riqueza ninguna. Pero no hubo mayor desigualdad. Si eso puede clamarse como un logro, sería algo parecido a un consuelo de tontos. Sucede que debe concluirse que la desigualdad no se combate con la máquina que no da riquezas, la desigualdad se combate poniéndole límites a la máquina que genera riquezas por un lado, y con la educación por el otro.

Ponerle límites al capitalismo es decirle a los señores dueños de la máquina que no pueden explotarnos como si fuésemos esclavos, que no pueden hacernos trabajar más de tantas horas por día, que deben proveer para nuestra salud, etc.

Pero la educación es la que realmente iguala a la gente. Educando se igualan las oportunidades. La educación es el motor que lima las desigualdades. En un sistema capitalista liberal abundan las oportunidades, y para aprovecharlas solamente se necesita educación.
En el tema riqueza y desigualdad, a la luz de lo conocido, nuestra mejor opción sería capitalismo y educación.

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