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Retruécano


@| En materia de educación los discursos de los hoy gubernistas han quedado en eso, postulados de un programa construido con las mejores intenciones que no ha dado resultados positivos. Desde que son gobierno, poco han podido hacer (hubo varios “mea culpa”). Lo cierto es que a pesar de esa “Biblia sagrada”, en lo referente a educación es donde quedaron más expuestas las diferencias internas de la coalición. Rencillas doctrinarias y personales, no disimuladas. “Una melange de caña gin fizz” donde cada cual arrimaba agua para su molino. Son los reyes de la justificación, “bienvenidas las diferencias, nos decían, es el juego de la democracia”.

Justamente, cuando las diferencias son tantas se convierte en eso, en un juego. Un juego de poder al fin, que es causa del estancamiento.

Estamos en plena campaña, es tiempo de tregua para esos entuertos, de “un parate” para esas pulseadas internas. Ahora es tiempo de maquillar las disidencias, tiempo de desempolvar el programa, de recurrir “a la mano que pueden dar” los camiseteros de siempre en busca del objetivo que les permita nuevamente jugar a las diferencias: alcanzar nuevamente el poder. O sea: unidos ahora, una vez arriba “nos damos como en bolsa”.

Entonces volvemos a las obviedades: “la educación es la mejor arma contra la delincuencia”. Frase verdad. Frase añejada por quienes la repiten hasta el cansancio que la convierten en una burla. Proponen un remedio que no saben como obtenerlo. Estamos en medio de una peste y proponemos una vacuna vencida. Un fracaso reconocido como solución de otro fracaso.

Sofisma si los hay. Recurso que sería envidia del mismísimo Maquiavelo.
En tres lustros de gobierno hubo una progresión de las cifras delincuenciales que por lógica se han disparado en este último período ridiculizando los líricos pronósticos de las más altas autoridades.

Montevideo está a la par de los países más inseguros. Así lo reconoció el jefe de la policía.

Sin duda que la educación es el mejor antídoto contra la delincuencia. Hay que aplicarla desde la cuna. Cimientos para un futuro mejor. Si la educación va de mal en peor ese futuro es cada vez más lejano.

¿Qué hacemos con el presente? Ese producto de lo que se hizo mal o se dejó de hacer. ¿Lo rifamos? Aquellos que por razones variadas y conocidas han quedado sin recibir esa educación indispensable para la convivencia.

Aquellos que ya “creciditos” con profusos antecedentes andan sueltos, armados y matando con o sin botín. Aquellos que matan ciudadanos como moscas. Aquellos que ponen un arma en la cabeza de un niño. Hay quienes no quieren ni encerrarlos. ¿Qué hacemos? ¿Les regalamos una Biblia? ¿Les damos un video de la Madre Teresa? ¿Los inscribimos en los talleres de Don Bosco?

La policía y el poder que administra justicia claramente enfrentados entre sí no han evolucionado de la misma forma que el hampa. Tienen una responsabilidad que tratan de eludir o justificar con explicaciones irritantes. No han protegido con eficacia al ciudadano común. Al que los mantiene. Al que trabaja, estudia, respeta las leyes, paga los impuestos y los servicios más caros del continente.

Se me ocurre un retruécano: Educación para tener seguridad. O mejor será: Seguridad para tener educación.

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