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¡Cual retazo de los cielos, de los cielos...!


@| Pocos iconos son tan caros a los uruguayos como nuestro amado atuendo escolar. La sencilla y democrática indumentaria de Varela.
¿Cómo separar su imagen de tantos recuerdos enlazados a nuestra infancia? Recuerdos de patios bulliciosos y soleados, de pianos mal afinados pero aporreados con fervor patriótico por diligentes maestras; de seres queridos, que unos estarán y otros -¡ay!- ya no, pero que, muchos de ellos, llevándonos de la mano, nos acompañaron hasta la entrada de nuestra escuela y sumaron sus voces, haciendo coro cómplice con nosotros, en aquello de: ¡Ès muy bella mi bandera, mi bandera, nada iguala a su lucir, su lucir!...-

Si algo asocia cualquier uruguayo con su bandera y sus cosas más amadas, es la vestimenta escolar. Su icónica túnica escolar.

Por eso entiendo y comprendo, como a mí mismo, a los miles y miles de orientales que se oponen al cambio que los nuevos tiempos y realidades parecen aconsejar. 

Porque no me parece caprichoso el sensato pedido de diversos sectores de que se vista a nuestros niños con guardapolvos acorde a las necesidades y criterios actuales. 

La propuesta de dotarlos de una túnica sin anticuadas e injustas diferencias para niñas y varones, ya de por sí es digna de análisis y hasta de aplauso.
Nunca entendí por qué la túnica de la niña debía tener la triple e injustificable dificultad agregada de abrocharse por detrás, estar diseñada con trabajosos “tableados” y encima ceñirla con un lazo que hace necesaria una ayuda extra a la hora de vestirse. 

Una prenda única para ambos sexos ni debiera ser tema de discusión a esta altura de la historia.

Nos queda el tema del color. Los defensores de usar colores “sufridos” esgrimen como argumento que el verde ecológico se aproxima al color de la maltratada naturaleza y ayudaría a concientizar, identificándose con ella, al alumnado.

Estoy de acuerdo.

Pero... ¿y si lo reemplazamos por el otro color tan o más presente, visualmente, en la naturaleza que el verde? 

Todos, sin excepción, saldríamos ganando: los que proponen actualización, asexuación y democratización en los uniformes escolares, no verían con malos ojos - estoy convencido- que un azul Patria ocupara el posible lugar del verde. 

Los que amamos los viejos colores y valores varelianos seguiríamos viendo en cada escolar, como siempre, una ondeante bandera con vida propia.
Con solo prescindir de la moña, confeccionar el cuello de la túnica en color blanco y a la altura del corazón imprimirle un sol radiante, todos los orientales veríamos, en el novedoso atavío, la misma añeja simbología de nuestra patria. 

Y don José Pedro, si nos pudiese ver, estaría orgulloso de nosotros. Porque habríamos dado otro pequeño paso vareliano hacia un futuro de equidad artiguista.  

Dos símbolos indiscutibles que nos representan a todos los uruguayos por igual.

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