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Recetas perimidas

La chochera del diablo


@| El poeta Rubén Darío, ya en su época afirmaba que el mundo siempre había sido un papanatas y que el Diablo estaba chocho. Eso sería discutible, pero la que realmente está chocha es la izquierda uruguaya gobernante porque con sus acciones y omisiones quedó colgada del pincel y desesperadamente busca una escalera ideológica para bajar al suelo porque aturdida como está no entiende que la realidad pura y dura es mucho más porfiada que la inalcanzable utopía igualitaria soñada en el pasado. A dos siglos de Marx, hoy solo se le pueden llevar flores a su tumba y nada más. Es obvio que él buscaba una solución para su mundo y su tiempo histórico, todavía reinaba la cosmogonía física de Newton. Una vez que triunfara la “Dictadura del Proletariado” se concebiría un futuro promisorio y estático porque la Historia se interpretaba lineal y definitiva. Los discursos de barricada de Lenin ya no sirven, la discusión del pasado sobre la plus valía hoy tropieza con la robotización que está suplantando al asalariado que ya no es solo proletario sino muchas veces mono parental.  

Mal que les pese a algunos, nunca será concebible una sociedad igualitaria porque los seres humanos no somos solamente masa comunitaria. Es cierto que los hombres no somos lobos solitarios. Pero primero y ante todo, somos individualidad desde el nacimiento y el camino desde el útero hasta el ataúd sí que es solitario, personal e intransferible y nos da miedito…, no es changa. Sin embargo Marx afirmaba que la muerte, no existía, solo se manifestaba en forma individual, pero no podía actuar sobre la masa social en su conjunto. El individuo como tal no importaba en lo absoluto, se sustituía uno por otro en una mecánica permanente de nacimiento y muerte, manteniendo indemne a la masa. Y ahí el pensamiento académico torpedeó al sentido común, basta hacer explotar sorpresivamente un globo en un cumpleaños de niños muy pequeños y se comprobará como cada uno trata de defenderse solo en forma individual, basados en simples y naturales instintos de la Naturaleza, por encima de elucubradas entelequias colectivas de defensa, y ni que hablar del comportamiento adulto en casos de conmoción o cataclismo, habiendo siempre honrosas excepciones.

Habría que haberle preguntado a este filósofo materialista si el día que lo torturaba un dolor de muela, ese tormento era de él o de la masa. Nunca será posible una idílica sociedad igualitaria hundiéndose en el Titanic, al melodramático grito de “o nos salvamos todos o no se salva nadie”.
En consecuencia esas polvorientas e ingenuas recetas “ igualitarias, participativas, inclusivas, comunitarias, socializantes” , etc., etc., que aún se pretenden vender y a la que solo les han pasado el plumero, son viejas mascaritas conocidas . Y de paso a no olvidarnos de la “velita prendida al socialismo” de nuestro querido Pepe, hábil declarante, viejo tigre ahora vegetariano, que después de tres gobiernos frenteamplistas, recién se desayunó que el incremento de los planes asistenciales no habían movido la aguja contra la marginación y el delito, cosa que molestó a los viejos camaradas del Partido Comunista pero en otra magistral cabriola intelectual desanduvo la anterior reflexión y arrojando una bomba de humo, desorientó la carga de la prueba, arremetiendo con la anticuada idea de que la culpa del delito la tiene la sociedad de consumo. Habrá que esperar como hará para explicar que Nueva York, corazón y meca del imperio y del consumo capitalista tiene muchos menos crímenes que Montevideo. La única meta igualitaria a la que se debe llegar es a la salud, a la educación y a la justicia. La Utopía no es más que una utopía.

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