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Realidad y fábula

Las aventuras de la cigarra y la hormiga


@|Cuando uno iba a la escuela - hace ya unos cuantos años-, un clásico como la fábula de la cigarra y la hormiga era un material básico en la educación escolar. El ejemplo de la laboriosa hormiga, contrapuesto a la vida disipada de la cigarra, justificaba el duro trato y condena que ésta recibía al llegar el invierno por parte de la primera. 

Pero los tiempos han cambiado y hoy pueden haber nuevas versiones al final de esta fábula; a continuación daremos algunas de ellas y que el lector elija el que más le guste: 

a) La cigarra, en vista de su situación de indigencia es asistida por un plan de emergencia pago mediante impuestos a la renta y al patrimonio de la hormiga. 

b) La cigarra ocupa el hormiguero y no es desalojada por la justicia, por lo que la hormiga se ve obligada a convivir y alimentarla. 

c) La cigarra, a mano armada roba las reservas de la hormiga, es capturada, pero procesada sin prisión, esperándose que vuelva a repetir el delito en otro hormiguero. 

d) La cigarra se dedica a la política o a dirigente gremial y logra un puesto que le permite vivir sin trabajar. 

Dados estos nuevos finales, me parece bien que la fábula aleccionadora no se enseñe más en las escuelas, está fuera de la realidad. 

¿Qué pretendía enseñarnos esa vieja fábula?

Que el ahorro y la inversión son los que nos permite asegurarnos el futuro.
Y aquí rescato ambos términos, porque ahorrar o invertir significan, en última instancia, sacrificar el disfrute del hoy para asegurarnos una mejor situación en el mañana. 

Los inmigrantes que llegaron a estas tierras tenían bien claro estos conceptos y sacrificaron sus vidas para formar y educar a sus hijos tratando de dejarles un bienestar económico que lamentablemente muchas veces las siguientes generaciones dilapidaron con la complicidad de malos gobernantes. 

Esta cultura se ha ido desdibujando cada vez más en la sociedad uruguaya y quien trata de actuar en función de esos valores no es muy bien visto.
Hay como una mirada de apoyo a la cigarra, que será sinvergüenza, pero en el fondo es macanuda y aparte es “viva”. 

Y esto no se arregla con palabras, se arregla con inversión y trabajo, pero por sobre todo con un profundo respeto hacia quienes se esfuerzan.
Las estructuras sociales y económicas deber ser verdaderas redes de compromiso entre las partes, y no meros elementos aislados y fuera del contexto. 

Si se falla en el contexto social también lo económico se verá afectado y viceversa; es por ese motivo que el país debe definir reglas claras y normas justas. Y recordemos que ser justo es más difícil que ser político o generoso con lo ajeno. 

El verdadero desafío del Uruguay pasa entonces por recuperar los principios básicos de toda sociedad donde se valore y respete a quien trabaja e invierte y se castigue a quien no lo hace y perjudica.  

No se trata sólo de repartir, como creen algunos; si no se crea valor no hay nada que repartir. 

Si no entendemos esto, tendremos al final un gran concierto de cigarras, muertas de hambre y hormigas sin ningún motivo para trabajar y esforzarse.

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