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El puerto de Montevideo


@|En la excelente nota que, en su página de “marítimas” publicó el lunes pasado Don Emilio Cazalá, dictando una vez más, cátedra de periodismo marítimo y portuario, como lo viene haciendo desde hace más de seis décadas, al referirse a la pérdida del tránsito de cargas paraguayas por parte del puerto de Montevideo, manifestó: “La realidad es que los tránsitos paraguayos en Montevideo hasta ahora se han reducido en muy alto porcentaje porque no hemos podido responder a sus necesidades. Y si seguimos en esta línea de inoperancia los resultados pueden ser catastróficos...”. 

Tengo un muy buen concepto personal del Presidente del Directorio de la A.N.P. Ing. Naval Alberto Díaz, y en atención a ello, cuando ocupé el cargo que él ocupa actualmente (1998-2001), lo propuse para que se desempeñara como Gerente de Marítimos, lo que fue aprobado por el Directorio por unanimidad. Por ende, me cuesta manifestar mi profunda preocupación por lo que está aconteciendo con el puerto de Montevideo en esta materia y expresar que comparto totalmente lo manifestado por Don Emilio Cazalá. La pérdida de esas cargas paraguayas es consecuencia de la ineficiencia operativa de nuestra principal terminal portuaria y del aumento de los costos que se ha verificado últimamente en la misma. No es un caso aislado. Se nota cada vez más el desaliento que se está generando en los empresarios portuarios por la burocracia, el costo de la operativa y la ineficiencia. Una muestra del desinterés de las autoridades en mejorar este estado de cosas fue la incorporación a la ley de rendición de cuentas de una norma que le impondría al operador portuario que contrata a un trabajador, por un par de días, la obligación de pagarle trece jornadas. Esta iniciativa pone en evidencia el propósito de establecer un régimen absolutamente arbitrario, en esta materia, que es contrario a la ley de puertos de 1992 y, en definitiva, que es perjudicial para nuestras terminales portuarias por el encarecimiento que implica y, a la larga, de los propios trabajadores que perderán fuentes de trabajo. 

Tiene razón Don Emilio Cazalá, cuando afirma “si seguimos en esta línea de inoperancia los resultados pueden ser catastróficos”. Es imprescindible que el Ministro Rossi y el Directorio de la A.N.P. tomen, con energía y sin dilatorias de clase alguna, las medidas necesarias para revertir este estado de cosas y encaminar, a nuestras terminales portuarias, en la senda de desarrollo que han recorrido desde que se aprobó la ley de puertos en 1992.
De no hacerlo, al bochornoso fracaso de la disparatada ley 19.046 sobre el puerto de aguas profundas de Rocha, se le agregará el de la pérdida progresiva de cargas de nuestra principal terminal portuaria.

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