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Primer año de gobierno


@|“No volaba una mosca...”; así se refería el periodista, Sr. Mariano López, a propósito del ambiente que reinaba en el Parlamento Nacional mientras nuestro Presidente, Dr. Luis Lacalle Pou, hacía su balance del primer año de gobierno.

Nadie lo interrumpió ni para aplaudirlo; ni nadie lo silbó ni gritó para mostrar su aprobación o su disenso.

La verdad, me hizo sentir orgullosa de mi país, de su republicanismo, de su democracia y de cada uno de los allí presentes.

Dieron al mundo, a sus compatriotas, sobre todo a nuestros jóvenes (a veces tan envueltos en un espiral de violencia y desesperanza no buscado pero sí real), un ejemplo impecable de cómo se puede funcionar sin enfrentamientos feroces, respetando al otro y más que nada a las instituciones del país. Rendía cuentas el Sr. Presidente de la República y "el pueblo", en este caso sus representantes libremente elegidos por él, escuchaban con atención adhiriendo con su solemne silencio y como corresponde en una nación educada. Para luego sí, sacar sus conclusiones, marcar sus acuerdos con lo expresado y sus diferencias, democráticamente en consonancia con lo que es ser un país serio y consolidado en sus instituciones.

En cuanto al discurso de nuestro Presidente, colmó con creces las expectativas de muchos de los uruguayos.

Rescato especialmente situarse en el “hoy”, en el “presente”, que es lo verdaderamente importante para proyectarse al futuro con optimismo y fuerza y servirse de aquel “ayer” solamente para rescatar lo bueno y reflexionar sobre lo que no lo fue tanto y aprender de ello.

Y esto, me parece, fue una de las posiciones más destacables de su alocución; tema que implica toda una filosofía de vida a aprender por los seres humanos. Porque, ¿de qué me sirve rumiar y sufrir por un pasado que ya fue y del que poco puedo modificar? ¿Quién no ha herido a algún semejante o se ha sentido herido a su vez por alguien o por determinada circunstancia?, ¿quién no ha errado en esta vida? Involuntariamente, las más de las veces o equivocadamente muchas otras, todos hemos pasado por situaciones de este tipo.

Ya lo dijo Jesús: "El que esté libre de culpas, que tire la primera piedra". Lo realmente trágico es anclarse en un pasado que no puedo cambiar, aunque sí reparar en algo sirviéndome de la sublime herramienta del perdón, pedido o concedido.

El pasado miércoles, en una impecable entrevista que le realizaran en el informativo de la tarde, volvió a expresar por qué eludió hablar de "herencia" o de excusar su hoy por el pasado. Dijo algo así como: ¿de qué sirve cargar una mochila llena de facturas a cobrar, si con ello y antes que nada, me enveneno yo y además nada resuelvo y o gano?

Su mirada a largo plazo, sus sinceros deseos de tomar acciones propuestas por unos y otros, sí son válidas. Su firmeza y su fuerza (me sentí especialmente conmovida cuando se refirió a su soledad en un fin de semana de marzo cuando tenía que tomar decisiones trascendentes para su país) me hicieron sentir segura, con la nave muy bien conducida para llegar a destino. Porque además, reconoció errores o temas que tal vez se hubieran podido resolver de una mejor forma, por ejemplo la velocidad para hacernos llegar las vacunas, y lo rescato especialmente porque es de sabios reconocer falencias y también, si es necesario, tomar distancia y virar sobre la marcha.

Creo sinceramente que en mejores manos no podríamos estar, habla por ello el 64% de aprobación que alcanza en este momento.

Por todo ello, por el gran equipo del que supo rodearse, como dijo un gran amigo ayer: "cuidemos a nuestro Presidente, a su gobierno", no le pongamos piedras en su mochila y aligeremos su carga poniendo cada uruguayo su esfuerzo para ayudar.

En un año durísimo y en otro que comienza con una luz de esperanza al final del túnel, tengamos la grandeza de arrimar el hombro y luchar juntos por nuestro querido país. El Dr. Lacalle Pou con su entrega lo merece y nosotros también.

¡Adelante! "La vida es lucha, afróntala", como nos enseñaba la Sta. Madre Teresa de Calcuta.

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