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Los presidentes y su entorno


@|Una mirada al pasado y al presente, permite rememorar cómo se desempeñaban y actuaban los jefes del ejecutivo nacional, desde que asumían el poder; atendiendo al comportamiento y exposición ante el pueblo.

Recuerdos de tiempos pretéritos, cuando Don Luis Alberto de Herrera no llegaba al Palacio, porque su viejo vehículo se había descompuesto. El caudillo estaba solo, no existían los medios de comunicación de hoy y se las tenía que arreglar como cualquier ciudadano.

Otro patrón que rememora tiempos idos, era hallar al Dr. Sanguinetti, siendo presidente, en una esquina de la Ciudad Vieja esbozando una pintura, solo y abstraído en su ocupación momentánea. Un hecho llamativo para quienes lo percataron, especialmente extranjeros, sorprendidos que el Presidente de la República estuviese solo y ensimismado en su obra. Habiendo quienes, en su sorpresa, se arrimaban a preguntarle si era realmente el Presidente de la República. Un claro ejemplo de libertad ciudadana.

Pero los tiempos cambiaron. Ocurrió en la asunción del Dr. Vázquez quien, al salir a saludar fuera del Palacio Estévez, lo hizo rodeado de más de una docena de personas, quienes, claramente sorprendieron al público, por ser sus guardaespaldas.

La contracara de la persona que decía ser originaria de la barriada pobre y defensora de los mismos. La imagen de una representación alejada de la realidad, en lugar del acercamiento que se suponía hacia los simples ciudadanos.

Hecho que se instauró y reiteró en sus gobiernos y también del presidente Mujica, con su impronta característica y numerosos custodios. La imagen, reiterada, no era concordante con el relato que expresaban esos señores.
Siendo interesante preguntarse los motivos de ese proceder, que el Uruguay no conocía, más, viniendo de quienes se juzgaban pueblo.

Hoy, cambiaron los hechos y el presidente no está rodeado de un sinfín de custodias, está con el común de la gente, nos parecemos más al país democrático que se conoció; y hay demostración que el pueblo lo apoya.
Es, por lo tanto, una muy buena señal que el Sr. Presidente pueda circular libremente, sin estar custodiado en demasía, como aconteció en otros períodos.

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