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Al Sr. Presidente


@| Reciba un cordial saludo, soy una uruguaya, venezolana y vivo en Uruguay desde hace 7 años. Madre, esposa y profesional.

Sí para este momento Ud. supone que le vengo a hablar de Venezuela, está Ud. en lo correcto y le cuento. 

Nací en Montevideo en el 75. Mis padres fueron testigos de mesa por el FA durante las elecciones presidenciales del 71 y por ello mi papá quedó fichado, perdió su trabajo y le fue robada una beca profesional a China, donde pretendía realizar estudios en lo que posteriormente fue su especialidad: arroz, cereales, riego y drenaje. Tuvo que salir de manera clandestina de Uruguay y logró llegar a Venezuela. Mientras, mi mamá preparaba los documentos para salir del país. En el 79 llegamos mi hermana, mi mamá y yo a Venezuela. 

Venezuela nos abrió sus puertas en un momento en el que no teníamos a donde ir, a nosotros y a miles de uruguayos, argentinos y chilenos.
Nos instalamos en Guanare, Portuguesa en los llanos centro-occidentales. Mi papá trabajó como profesor universitario e investigador a dedicación exclusiva hasta jubilarse en la UNELLEZ (Universidad Nacional Experimental de los Llanos Ezequiel Zamora, un excelente centro educativo, ahora en cierre “técnico”). 

No fueron tiempos fáciles, estábamos solos y mis padres tuvieron que trabajar duro para sacarnos adelante, pero Venezuela les dio la oportunidad. Recuerdo las conversaciones llenas de angustia cuando trataban hablaban de Uruguay entre ellos o con amigos uruguayos, su urgencia por ayudar a compatriotas que llegaban en iguales o peores circunstancias y su constante preocupación por el futuro del país que habían tenido que dejar atrás. 

Nosotros celebramos en la distancia la liberación de Líber Seregni, la vuelta a la democracia en Uruguay y cuando Ud. fue electo Presidente, con “Ud. se había hecho justicia por todos los caídos que pensaban diferente”. En mi casa había un afiche suyo con la banda presidencial, nuestro perro se llamaba Tabaré y sobraban los llaveros y pegatinas del FA. 

Paradójicamente mientras Uruguay iba saliendo adelante, Venezuela se iba hundiendo en una maraña de descreimiento que llevó a Chávez a ganar la presidencia en el 98. 

Puedo jurarle Sr. Presidente, que ningún venezolano demócrata, nacido o de corazón, imagino jamás que hoy, 20 años después, Venezuela se encontraría enfrentando un presente tan desgarrador. 

En Venezuela no hay derechos. El ciudadano común está sobreviviendo ante una crisis que conlleva una impresionante escasez de medicinas y alimentos, hampa descontrolado y un gobierno que se hace de la vista gorda. A todo esto sin salida democrática ya que las últimas elecciones presidenciales han sido reconocidamente ilegítimas y a favor de seguir perpetuando en el gobierno a personas inescrupulosas. 

Solamente este año las cifras oficiales indican que 300 mil niños están condenados a morir por desnutrición, la situación de los ancianos es de abandono y la juventud se ve en la necesidad de dejar el país bajo cualquier condición (hoy hay cerca de 8 mil venezolanos en Uruguay). Los enfermos no tienen insumos para sobrevivir y ni siquiera adscribiéndote al sistema de distribución de alimentos CLAP te aseguras que vas a tener alimentos. Estamos ante un genocidio, Venezuela vive hoy una etapa oscura,
Por todo esto me acerco a Ud. y como uruguaya le exijo, como venezolana le pido y como madre le suplico que condene categóricamente lo que está pasando en Venezuela. 

Apelo hoy a su condición de Presidente de un país democrático que defiende las libertades, a su condición de Doctor y al juramento hipocrático. Apelo a que Ud. es padre y abuelo y también a que usted es un hombre de bien. 

Le pido que hable por los uruguayos que encontramos en Venezuela un hogar, por los venezolanos que necesitan salir de esta situación y recuperar el país, y por todos los ciudadanos para quienes los derechos fundamentales de la vida están sobre cualquier ideología.  

Esta carta Sr. Presidente es una solicitud para que pida la apertura urgente del canal humanitario para Venezuela y para que condene categóricamente el genocidio que se está ejecutando contra el pueblo venezolano. 

Sr. Presidente aunque no comparta su visión, confío en que Ud. no pase a las páginas de la historia como cómplice de este genocidio y que no permita jamás que lo que pasa hoy en Venezuela se repita en ningún otro país.

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