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Política educativa


@|La reciente convocatoria a la titular del Ministerio de Educación y Cultura de nuestro país, a la Comisión de Educación del Senado de la República, para que brindara su explicación por las renuncias de directores ejecutivos y otros técnicos, que se han presentado en el INEED (Instituto Nacional de Evaluación Educativa) deja al descubierto la razón de las mismas. 

Sin lugar a dudas que han existido “presiones” en ese organismo del que se aguardaba debiera pronunciarse con la necesaria autonomía, propia de los entes que tienen como cometido tareas de “evaluación”. 

Nuevamente un gesto habla por sí solo y desnuda la realidad que busca ocultarse, pues si las cosas fueran bien en esta materia (según la encumbrada jerarca: “La política educativa viene dando buenos resultados”) y si los resultados de las políticas educativas fueran los esperados, se hubiera permitido al representante de los colegios privados, a concurrir a dicha Comisión del Senado, a brindar su opinión. 

Sin embargo, y por una decisión eminentemente política, a la Cámara de Senadores se le privó de contar con esta visión “minoritaria” dentro del INEED, habiéndose resuelto que sólo quien ejerce la presidencia de dicho Instituto, debía comparecer a brindar su testimonio. 

Una vez más, se cercena la posibilidad a quien votó en minoría, a concurrir y expresar su versión de los hechos. Seguramente independiente y técnica, realista y hasta tal vez, distante de las políticas aplicadas hasta el presente, pero con certeza, enriquecedora del debate. Debate que pudiera arrojar luz sobre el mismo y hace nada menos que, a una materia tan sensible. 

Se trata de la formación de nuestros futuros ciudadanos. 

Y no resulta menor conocer que, un gran porcentaje de los estudiantes de los quintiles menos favorecidos, no adquieren la necesaria comprensión lectora, ni saben analizar con sus palabras, el contenido de lo que leen. Es que, como en el cuento que nos supieron leer en nuestra infancia, (“El traje del emperador”) la reina en este caso cree en su soberbia que se le ha vestido con un traje extraordinario cuando en realidad está sin ropas. Y en su burbuja, entiende –pese a que todos los indicadores demuestran lo contrario- que “vamos bien”. 

Lamentamos comprobar que evidentemente no es así. 

Todavía resuenan en el Palacio Legislativo aquellas palabras del discurso inaugural del segundo gobierno frentista: “Educación, Educación, Educación”, que motivara un gran aplauso general, cuando lo que se ha logrado, es una afrentosa “pérdida de chance” (al destinarse ingentes recursos del Presupuesto Nacional, más a salarios que a la formación y especialización de los docentes) que compromete tanto el nivel educativo y las habilidades de los estudiantes para lograr la inserción laboral, como el desarrollo y el futuro del país. 

A nadie debiera escapar la gravedad del problema planteado, sin embargo, parece no importarle a los responsables de esta área de gobierno, que insisten en justificar la no finalización de la educación básica y obligatoria en “problemas de toda la sociedad”, como si ellos no tuvieran las herramientas y medios como para al menos, intentar corregirlos.

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