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Piden medidas para frenar las picadas en la rambla

@|Es la 1:39 de la mañana de un viernes y como todos los viernes y sábados de los últimos meses, en mi casa, en mi manzana y en general a todo lo largo de las casas cercanas a la rambla República de México, no se puede dormir. Los caños de escape atronan con las picadas, sea porque corren, sea porque se excitan mutuamente haciendo disparar ruidos de explosiones aunque el auto esté detenido, sea porque gritan y ponen música ensordecedora.

En casa llamamos al 911, nos ponemos tapones en los oídos, tratamos de distraernos leyendo. Bajo ningún concepto nos atrevemos a poner un pie afuera: son muchos y meten miedo. Se agrupan en la estación de servicio de Puntas de Santiago y la rambla y se apoderan del espacio.

Los vecinos estamos encerrados en esta pesadilla hace más de una década. Hemos tenido que soportar de todo: picadas hasta en las veredas, el puente Carrasco cortado por meses todos los fines de semana y el ingreso a la ciudad de Montevideo por ahí bloqueado, sin que ningún policía ni funcionario municipal les pusiera freno. De nada servía llamar a la seccional o a la Intendencia. Llegué a ser acusada de “fascista” por una funcionaria del centro comunal que me acusó de no “respetar el derecho de la gente de reunirse en la calle a hacer lo que quieran”.

Yo lo que quiero es dormir después de una semana de trabajo. Ellos lo que quieren es correr en la rambla como si fuera una pista de autos y aturdirnos con sus explosiones de caños de escape, con sus amigos ocupando veredas dando vivas entre gritos, alcohol y apuestas.

Y así vivimos, con el miedo constante de que nos atropellen si osamos querer entrar o salir de nuestras casas y la pesadilla de saber, fin de semana tras fin de semana, que no vamos a poder descansar. La misma tortura la padecen los vecinos de Barra de Carrasco y los de la rambla frente a Kibon. Y en tantos lugares más.

Hubo algunos esfuerzos para solucionarlo. Hace no muchos años, se lograron controlar las picadas de la rambla con operativos conjuntos de inspectores municipales y la guardia republicana. Sirvió, por un tiempo.

Pero hace tiempo que por acá no se ve un inspector municipal. Desde hace meses las picadas van en aumento y son sistemáticas. Todos los viernes y sábados, de 12 de la noche en adelante. Espanta la puntualidad con que las hacen, porque es prueba de la impunidad que gozan.

La ley de faltas tampoco ha solucionado el problema; la sanción nunca les llega.

Por favor, ministro Larrañaga, intendenta Cosse, hagan algo. Organicen operativos y háganse cargo de cuidarnos. Y si los recursos no alcanzan, que es lo que nos vienen diciendo desde hace más de una década, asúmanlo y tomen otro tipo de medidas. Intervengan la rambla con elementos para que deje de ser atractiva para hacer picadas. Pongan despertadores en la rambla de Kibon y en la rambla de Carrasco que obliguen a los autos a bajar la velocidad. La principal arteria, paseo y monumento histórico de Montevideo tiene que dejar de ser una pista de carreras. Devuévanle la rambla a los vecinos.

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