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El perro del Hortelano


@|Mi modestísima definición de “incentivo” es la de proporcionar a alguien elementos que lo convenzan para hacer algo que, sin ellos, no lo haría. 

Me interesé en leer, por lo menos el Art. 4º de la Ley 18.795 de Acceso a la Vivienda de Interés Social, en el cual se detallan los incentivos otorgados a la construcción de edificios con dicho destino. 

Como parece que, después de un comienzo con varias construcciones y viendo los precios de venta y alquiler de los mismos el gobierno decidió compartir las ganancias y reglamentar precios y redujo los incentivos, lo que concluyó en la caída o desaparición de las construcciones y la reclamación de los inversores de volver a la Ley original para continuarlas.
Los incentivos de dicho Art. 4º se refieren a la renuncia del Estado a percibir ciertos impuestos, como ser: 

IRAE; si existe construcción y renta el Estado no cobrará, pero no habiendo construcción tampoco cobra, por lo tanto, para el Estado es indiferente, económicamente hablando, que se construya o no.
Patrimonio; igualmente no lo cobrará y tampoco cobrará mientras no exista dicho patrimonio, o sea la construcción. 

IVA; no hay nada para recaudar mientras no exista la actividad generadora creada por la construcción, en cuyo caso tampoco se recaudará.
Transacciones Patrimoniales; sin recaudación mientras no exista algo para transar, en cuyo caso se renuncia a la recaudación.

Salvo algún detalle que se me escape ya que no soy experto en impuestos, parecería que en la parte importante el Estado no renuncia a nada que ya no deje de recaudar por no existir la generación de la recaudación por lo que restarle los beneficios ya acordados para obtener recaudación es sinónimo de restar incentivos con las consecuencias conocidas. 

Argumentaron que los precios de venta o alquiler eran altos (y los limitaron) porque los beneficiarios pertenecían a un sector con ingresos suficientes y no a los más bajos a quienes pretendían beneficiar. 

Total desconocimiento del mercado y su natural regulación. En una escalera nadie que está en el primer escalón llega al último en un solo paso. Quien está en un escalón y sube al siguiente deja un escalón libre para que otro lo ocupe dejando a su vez su escalón libre para otro. Esa es la forma en la que, los de más abajo se ven beneficiados mejorando aunque no sean los que se ven en las adquisiciones de los nuevos. 

Por otro lado, si se llegara a un riesgo de saturación del mercado los precios caerían naturalmente con mayores beneficios para los más necesitados.
El Estado, sin embargo, recibiría beneficios económicos indirectamente ya que al existir miles de empleos originados en la construcción los sueldos recibidos salen a la circulación en forma de consumo generando más empleos y más impuestos, además de reducir el desempleo y la necesidad de subvenciones estatales. 

Mantener el total de incentivos parecería ser la mejor de las soluciones para el Estado y el no hacerlo concluye en la actitud del perro del hortelano que ni come ni deja comer.

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