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Pasión mundial

A recuperar el país de antes


@| Un nuevo Mundial de Fútbol en el que participa nuestra selección y que se desarrolla en esta oportunidad en Rusia, nos brinda la oportunidad de sentirnos identificados con ese “ser nacional” que muchas veces –analizando la realidad de nuestro país- resulta esquivo.

Sin embargo en esta materia deportiva, debemos afirmar que la “celeste”, nos une e identifica como pertenecientes a este gran país (que en su tiempo recibiera a nuestros antepasados, cansados de guerras y penurias, pero aún con fuerza suficiente para cumplir sus sueños, basados en su trabajo) y al celebrar cada gol en estos partidos, vamos abrevando en cada triunfo, la esperanza de ser nuevamente “Campeones del Mundo”. Tal vez sea sólo entonces, cada cuatro años, que dejamos de lado los colores de nuestros clubes, para hinchar por la más linda, la sin igual, la que nos aglutina a todos, y nos aferramos a esta ilusión. Frente a equipos de naciones ocasionalmente rivales, a los que desafiamos, todos parecemos sentir que debemos honrar nuestra propia historia. Esa Historia que, en algún momento nos aglutinó como nación, de la que supimos sentirnos orgullosos y que, en cada mundial, nos permite renovar y recargar ese orgullo, sabiéndonos capaces de hazañas casi milagrosas, “a la uruguaya”. Tamaña empresa que nos atrae como ninguna. Y cada minuto de esos encuentros, cuando juega Uruguay, nos suspende en una incomparable sensación mezcla de angustia y euforia, hasta ver el resultado que, en forma unánime, pretendemos, sea de Gloria!

Sin embargo, la realidad del momento que vivimos, dista mucho de aquel tiempo en que los habitantes de este suelo sentían que éste, era un país de oportunidades en el que existía la movilidad social, si se apostaba a la superación personal por el esfuerzo cotidiano. Hace mucho tiempo que dejamos de ser “la Suiza de América”, y el humanismo de aquel país optimista, dejó paso a una mediocridad que ha pretendido igualarnos hacia abajo.  

No obstante, con aciertos y desaciertos, hemos ido advirtiendo y aprendiendo que, nada se obtiene sin constancia, trabajo y dedicación. El fútbol profesional, no debiera escapar a esta regla y sin embargo, necesitamos recordar el épico triunfo de Maracaná, para creernos dueños de una fórmula mágica, que por sí sola, nos colocará en el podio de los cuatro finalistas.

Justo es disfrutar plenamente estos días de pasión mundial, pero es oportuno reflexionar sobre estas cuestiones, para que no se nuble nuestra conciencia de la realidad, tras el manto ilusorio de una transitoria “unidad” -a la postre ambivalente- tan efímera como puede ser para algunos, el Carnaval y a la vez, de tan hondas raíces que, nos identifica nada menos que como Nación. Porque finalizada esta gesta, cada quien volverá a su realidad cotidiana, donde el peso del Estado asfixia, la inseguridad golpea, la educación pública no contiene a los menos favorecidos, ni los prepara para insertarse laboralmente y la grieta social, resulta cada vez más ancha.
Que la fuerza y pasión necesaria para triunfar en este campeonato, nos permita recuperar de una vez por todas, el Estado de Bienestar que una vez fuimos. ¡Fuerza la Celeste! ¡Arriba Uruguay!

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