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Parecido no es lo mismo


@|El problema N° 1 que tiene la sociedad es por lejos la inseguridad.
Así lo siente la ciudadanía. Por lógica, el oficialismo no lo reconoce en ese lugar. Sería admitir el fracaso. Las cifras de los delitos se han disparado y porcentualmente “superamos” a nuestros vecinos.

Se está cumpliendo la profecía de Layera. Pronto igualaremos a países centroamericanos. El debate está instalado y cada candidato propone sus medidas.

Los periodistas, operadores políticos o panelistas, preguntan, discuten y a veces establecen sus discrepancias. En muchos casos con la camiseta puesta.

He observado algo común en casi todos estos programas al tratar el tema.
Así tal como lo haría un iluminador del Sodre cuando cambia el foco de la primera bailarina hacia el cuerpo de baile, ocurre en los debates cuando el tema principal de como enfrentar a la delincuencia se ve desplazado por el tema de la saturación de las cárceles. Es cierto que están íntimamente relacionados. Aparecen entonces quienes aprovechando esa íntima y obvia relación, con habilidad dialéctica propia de los mejores sofistas, sustituyen la esencia del problema por una consecuencia lógica.

El quinto mandamiento dice: No matarás. Según esa óptica que pone en foco la consecuencia y no la causa, rezaría: No vayas a la cárcel que no hay lugar.

Tan es así que para muchos alcanzar el éxito en el combate al crimen la prioridad no es la disminución del delito sino el no aumentar el número de presos. Preciado logro por la imagen de país que queremos vender. Es más, los mediáticos de siempre no escatiman elogios a las tan mentadas medidas alternativas. No precisamente por la efectividad de las mismas (basta ver los resultados), no; el elogio va dirigido al recurso en sí, al procedimiento.
Es así como al ciudadano común, ignorante de los entresijos entre fiscales y acusados no le quedan claro condenas que escapan a toda lógica.

Se da el colmo de que el centro de las críticas a la reforma de Larrañaga no es lo sustancial de su propuesta, sino el hecho de la derivación de mandar ¡más delincuentes a la cárcel!

En resumen: el aumento de la criminalidad provoca el aumento de gente que va a prisión. El no haber invertido lo suficiente en la capacidad locativa de las cárceles provoca el hacinamiento actual.

A la espada de la justicia habría que agregarle el sobrepeso que representa ese hacinamiento.

¿Quiénes son los responsables de esa saturación carcelaria? ¿Quiénes son los culpables de esas condiciones infrahumanas? ¿De esa violación permanente de los DDHH más elementales? ¿De ese imperio del lejano oeste?

El culpable debe ser el gran Bonete.

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