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La paradoja


@| El resultado fue aplastante: 535 votos a favor, 66 en contra y 52 abstenciones. El pasado 19 de setiembre, la Unión Europea situó oficialmente al comunismo al mismo nivel que al nazismo, tras aprobar una resolución en la que se condenó que “ambos regímenes cometieron asesinatos en masa, genocidios, deportaciones y fueron los causantes de una pérdida de vidas humanas y de libertad a una escala hasta entonces nunca vista en la historia de la humanidad”.

Sin embargo, hoy se da una extraña paradoja: por un lado, cualquier movimiento político o ideológico del cual se sospeche una mínima simpatía por el nazismo, es condenado al instante, es un escándalo. Por suerte es así, con toda lógica saltan las alarmas, en base a las indescriptibles atrocidades cometidas por dicho régimen.

Pero por otro lado, en Uruguay tenemos una agrupación política formal, llamada “Partido Comunista”. Ni más ni menos. Ni siquiera se han cuestionado cambiarle el nombre. Claramente hay un orgullo que mantienen a prueba de todo, impermeable a la contundencia abrumadora de los datos que hoy se conocen sobre el legado de ese régimen, impasible ante pronunciamientos como el de la Unión Europea, indiferentes ante la aplastante evidencia de su fracaso social y económico, más allá de la tragedia humana en sí misma.

Una gran paradoja por cierto. Uno no aspira a que esto provocara siquiera un 1% del escozor que seguro causa cualquier amenaza de germen nazi, pero sí, por lo menos, y aunque más no sea por curiosidad, a que explicaran con qué parte del comunismo se quedan, con qué posturas o medidas se identifican. Supongo que ese porcentaje debe ser bastante alto; ya que en caso contrario, por menos le habrían cambiado alguna letrita al nombre.

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