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El país de los tres días


@| Todas las estrategias de mantener limpia la ciudad de Montevideo estarán condenadas al fracaso mientras no se aplique el sentido común, bien escaso, por cierto. (Curiosa paradoja: la suciedad aumenta al ritmo de los florecientes lavaderos citadinos).

Y no me refiero solo a"derrocar" el anárquico "imperio " particular de Adeom, una de las patas del grave problema.

Basta con observar los basurales espontáneos que se forman en torno a casi cualquier contenedor de basura, a las pocas horas de que haya pasado el camión tragamugre.

Por más que la mayoría de los vecinos depositen sus desperdicios dentro, las crecientes huestes de hurgadores, con todo esmero y delicadeza, extraerán todo "material aprovechable" y las infectas y ya escasas bolsas plásticas.

Despanzurrándolas, escrutarán y seleccionarán escrupulosamente sus contenidos, re-desechando el re-resto en la amplia mesa del pavimento.
Se retirarán en silencio y paz, dejando su campo de batalla personal sembrado de cadáveres malolientes.

¿Es solo culpa de ellos, o muy especialmente de quienes permiten tales desmanes por no tener la valentía de hacer cumplir las leyes y los decretos escritos y los no escritos: los del sentido común aplicado?

Ningún uruguayo/a (ningún ser humano) debiera verse reducido a, ni se le debiera permitir, vivir de inmundicias que otro ser humano desechó.
Es evitable, si hubiese la voluntad política - que, hasta el presente nunca hubo- de evitarlo.

Los llamados "bichicomes" no son de generación espontánea ni reciente. Un día contaremos su origen.

Al permitirles hurgar en la basura, se les sigue denigrando en su condición de humanos y, al mismo tiempo, nos denigramos todos al consentir tal atropello a nuestra adormecida dignidad.

Mil intentos honrados, pero débiles y fallidos, de reorganizar la limpieza de la ciudad, se han frustrado a los tres días de su inicio, como tantos arranques, personales o colectivos, que acometemos.

De tal forma, que ya parecen formar parte de nuestra idiosincrasia.

No importa si se trata de reglas de tránsito, dignificar a los más vulnerables, dejar de fumar o llegar en hora al trabajo.

El primer día gran euforia: ¡ahora sí!, al segundo bajamos la guardia, al tercero nadie cumple ni hace cumplir.

- Y... ¿viste? Los uruguayos somos así... - nos decimos, encogiéndonos de hombros, para justificar nuestra contumaz indolencia.

Este problema de la basura viene de lejos, es cierto, pero en algún momento acertaremos con algún gobierno municipal o nacional que querrá, en serio, encontrarle solución definitiva a este y a otros tópicos.

Eso, o a los montevideanos nos envolverá de nuevo la mugre, como consta en los primeros relatos de la época fundacional.

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