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País productivo

El problema es el futuro, la sustentabilidad, la tendencia


@|La actividad agropecuaria implica una elección de vida y una apuesta al futuro, y es precisamente eso lo que está siendo amenazado. 

El propietario de la tierra puede tener la alternativa de que la explote un tercero, y vivir de la renta. Para eso debe tener un capital muy importante invertido en tierra, y optar por esa alternativa de inversión. El día que no le cierre, pensará en otra cosa, o en otro país, como ya está sucediendo, y eso siempre es un problema, para todos.  

La tendencia es que la tierra se concentra en manos de empresas más grandes, en personas que deciden invertir sus ganancias provenientes de afuera del sector, en fondos de inversión de pensiones y demás.
La tendencia es que los productores que hoy la están trabajando, no tengan posibilidad de acceder a la misma, y muchos menos sus hijos.  

El problema más grave es precisamente para quien decide trabajar la tierra y vivir de sus frutos. Ya sea porque es propietario de la misma, o que deba pagar una renta.  

Quien deba radicarse en el campo, en general sabe que tiene para su familia peor acceso a la educación, al trabajo, a la salud, al transporte, el entretenimiento, y a todo lo que hoy se concentra en las ciudades. Poco se hace por rebatir esta tendencia. 

Hoy tenemos un problema serio de sustentabilidad. Palabra muy escuchada, pero poco atendida. 

En los años de bonanza se hizo mucho hincapié en la sustentabilidad ambiental de la actividad agropecuaria. Se crearon los Planes de Uso y Manejo de Suelos, y la principal amenaza frente al crecimiento de la agricultura y la intensificación parecía ser esa.  

Hoy la sustentabilidad está siendo amenazada por sus otros dos componentes: 1. la sustentabilidad social, ya que se está empezando a afectar el empleo, la tendencia es irse a las ciudades, y no hay atractivos para las nuevas generaciones; y 2. la sustentabilidad económica, ya que al no haber rentabilidad para quien trabaja la tierra, en la medida de sus posibilidades, va a buscar otras alternativas para subsistir. 

Al estar amenazada la sustentabilidad social y económica, es imposible esperar que se puedan atender los aspectos que afectan a la sustentabilidad ambiental. Otro problema de futuro. 

Simplemente hay que hacer el ejercicio de proyectar lo que será el próximo año, el siguiente, y los que vendrán. Todo indica que no volvamos a tener los precios que tuvimos del 2004 al 2014 para la mayoría de los productos.

Años en que el sector fue el motor de la economía y posibilitó la salida de la mayor crisis económica de la historia del país. Años en que no afectaba tanto el aumento de los costos de producción, o el valor del dólar, crecía la inversión en el sector, a todos nos iba bien, se generaba riqueza para el país, y se mejoraba su distribución. 

Si no se toman medidas significativas, en un año habrá seguramente menos producción de arroz, de soja, de trigo y otros granos, de carne, y posiblemente de leche y lana. El sector va a aumentar su endeudamiento y tendrá menores posibilidades de repago. 

El Estado va a recaudar menos, y si no se ajusta y mejora su eficiencia, va a seguir asfixiando a quienes generan la riqueza; o endeudándose, y consecuentemente, hipotecando el futuro de todos los uruguayos. 

Es una película que ya la vimos. ¡Más de una vez! Por eso, llegó el momento de mirar un poco para adelante, dejar de lado las ideologías, lo que pueda pasar en las próximas elecciones, y buscar las soluciones. No sigamos perdiendo el tiempo. ¡Por favor!

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