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El país de las maravillas

Una paradoja constante


@|Vivimos en el país de la paradoja permanente; en el país del “no se puede”, pero que todos repetimos el estribillo “acá todos tenemos salud y educación gratuita”. 

Toda la complicación que resulta vivir en Uruguay, se explica por una innecesaria burocracia creada por los “autóctonos” y no por el “imperio”.
La lista de ejemplos es infinita; pero vale la pena analizar porqué muere gente en manos del Estado y nada pasa, nada cambia. Mañana podría ser tu turno. Y no me refiero al tema seguridad, que también aplica. 

Hace pocos días falleció un ciudadano porque su cuerpo no resistió el largo proceso burocrático creado. Lo mismo hace el famoso Sistema Integrado de Salud; mientras te puedan “arreglar” con una curita, la curita estará, y estará para todos. Perdón, y para todas; así ellos también entienden. Perdón nuevamente, “pare todes”; así aquellos también me entienden. 

Así de simple, duro y claro; te aplican una especie de pena de muerte burocrática para ahorrar guita. Y como para tomarnos bien el pelo, no se hacen el chiste de lo que te negaron en vida, los justos de todos los tiempos, te lo otorgan una vez muerto. Eso pasa acá. 

Nos acabamos de enterar que un ciudadano que necesitaba una prótesis de aorta y que no podía pagarla, la solicitó al Estado y éste se la negó en vida. Al fallecer se la otorgaron al toque. Pongo “estado” pues poco interesa la infinidad de dependencias creadas (MSP, ASSE, FNR, etc.) para pasar la pelota de uno a otro y mantener el control del “balón” en todo momento para que vos te aburras o mueras en el proceso. Al final, tú eres la variable de ajuste del sistema.  

Menos de 10.000 dólares era el monto en cuestión. 

Ninguna comisión de derechos humanos, el PIT, las Ovejas Negras, las Mujeres de Negro, ni ninguna otra ONG “amiga” dijo o dirán nada por esta ejecución burocrática del Estado. Y menos pensar que algún defensor del pueblo o fiscal actúe de oficio, por lo menos para que no vuelva a ocurrir. Ni pido castigo a los responsables; que no vuelva a ocurrir, que en definitiva es salvar vidas en el futuro. 

Mientras esto ocurría, Dyjab, el sirio finalmente está en Siria. Y ahora nos enteramos que este ciudadano sirio está condenado a muerte en su país. Ese mismo Dyjab que el Pepe dijo que se comió un garrón porque EE.UU. en los 2000 pagaba porque les entregaran terroristas y entonces éste pobre inocente estaba en la plaza y “alguien” lo vendió. Pero no está condenado de ahora, lo está desde antes que lo metieran en Guantánamo. Y condenado a muerte por terrorista. Todo el aparataje estatal está haciendo todo lo posible para traernos a “nuestro” Dyjab de vuelta. Digo nuestro porque al tipo le pagamos: 

1- No sé cuántos cientos de miles de pesos en metálico.
2- No sé cuántos de cientos de miles de pesos en alquileres.
3- Los medios uruguayos regalaron no sé cuántas horas al aire, mostrando a nuestro Dyjab dormitando en el piso.
4- El Estado destinó no sé cuántos cientos de miles de pesos rastreando a nuestro Dyjab por el mundo. Mientras, el pobre ciudadano uruguayo agonizaba por no tener 10.000 dólares. Sin ser noticia. Y nosotros preocupados para que a nuestro Dyjab no le faltara nada. 

Nuestro Dyjab quería suicidarse haciendo huelga de hambre; nosotros hicimos lo imposible para que finalmente el distraído de Dyjab se metiera en Turquía de canuto, estos lo tiraran por arriba del alambrado y justo cayó en Siria, donde está condenado a muerte por terrorista. 

Posiblemente alguien sea condenado por despilfarrar el dinero público para comprarse un short; pero nadie será condenado por despilfarrar la guita con la cual se podrían comprar varias centenas de miles de prótesis de aortas. 

Mañana nos olvidaremos; y cuando el Estado nos niegue lo que nos corresponde, nos acordaremos, pero ya será tarde.

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